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sábado, 15 de octubre de 2016

Rusia y Armenia establecen sistema de defensa aérea conjunta en el Cáucaso



El Parlamento armenio ha ratificado un acuerdo entre Moscú y Ereván en el establecimiento de un único sistema de defensa aérea en la región del Cáucaso. El viernes, el presidente ruso Vladimir Putin pidió a la Duma Estatal de Rusia también aprobar el acuerdo, que tiene por objeto mejorar la seguridad a lo largo de la frontera sur de Rusia.

El acuerdo es por período de cinco años con la opción de extenderlo por otros cinco años.

Los expertos y analistas militares consideran que el acuerdo otorga un beneficio para ambas partes, sobre todo porque permite un mayor seguimiento de Turquía.

Beneficios para Armenia

"En virtud de este acuerdo, podremos, al realizar nuestras tareas de defensa aérea regional, utilizar aviones de combate multi-rol rusos de cuarta generación, S-300 sistemas, su antimisiles y capacidades de radar para el reconocimiento aéreo," dijo el Ministro de Defensa armenio Seyran Ohanyan a la cadena de televisión pública del país Armenia 1.

Armenia ya acoge la Base Militar Rusa número 102 en Gyumri. La base está equipada con un sistema de misiles S-300 V, así como la detección de aeronaves, de seguimiento y de dirección de misiles radares correspondientes. unidades de tanques, de infantería mecanizada y de artillería también se basan allí.

Hay tres escuadrones MiG-29 desplegados en la región, que en caso necesario pueden interceptar aviones enemigos y, junto con las unidades de misiles tierra-aire y proporcionar Armenia una defensa aérea eficaz.

Las unidades rusas apoyarán las capacidades de defensa aérea de Armenia, que incluyen sistemas SAM de fabricación soviética, como el S-125 Neva con un alcance de hasta 12 millas, el Krug con un rango de 27 millas, el más nuevo y más moderno S -300PS sistemas tierra-aire de misiles con un alcance de 93 millas y los sistemas de misiles de corto alcance Osa-AKM, Shilka, Strela-10 y Igla.

Una vez unido con el sistema de defensa aérea de Rusia, las tropas armenias de defensa aérea tendrán acceso a toda la información disponible a las unidades rusas del Distrito Militar del Sur y las tropas de defensa aérea y de misiles del país.

Sin embargo, la defensa de aérea de Nagorno-Karabaj se mantendrá en la competencia del Ministerio de Defensa de Armenia; sistemas de defensa antiaérea rusos no estarán involucrados allí.

sábado, 14 de mayo de 2016

EL DOLOR Y EL ORGULLO DE ESTA MAMA ARMENIA




"Este dolor no me deja sentir orgullo", dice Anahit Harutyunyan, la madre de un soldado que murió en los enfrentamientos entre Armenia y Azerbaiyán del mes pasado en Nagorno Karabaj. La mujer de 47 años de edad, mirando el retrato de su hijo, añade entre lágrimas: "Fue un francotirador"

Grigor Harutyunyan, 19 años, es uno de casi un centenar de soldados armenios y voluntarios que perdieron la vida al contener y repeler la agresión de Azerbaiyán en la guerra de cuatro días a principios de abril.

Su cuerpo fue dejado en el territorio controlado por los azerbaiyanos y se intercambio a través de la mediación del Comité Internacional de la Cruz Roja después del alto el fuego del 5 de abril.

La madre del soldado muerto se enteró de la devastadora noticia sobre la muerte de su hijo el 11 de abril.

Anahit Harutyunyan después de la muerte de su marido hace 13 años se unió a las fuerzas armadas y ahora sirve con el rango de mayor.

Crio sus cuatro hijos casi sola, desde el año 2009 la mujer ha vivido temporalmente en un apartamento situado en un edificio residencial en las afueras de Ereván.

"No hemos tenido electricidad y suministro de agua durante tres años. Hemos vivido a la luz de las velas ...

Mi hijo Grigor dijo que iba a poner poco a poco todo en orden después de terminar su servicio en el Ejército,era un chico muy ingenioso ", dice la la orgullosa mama.

Los Harutyunyan y otras familias de soldados muertos en las hostilidades de abril han estado visitando las tumbas para los tradicionales "40 días después de la muerte" conmemoración que hacen los armenios,cuarenta días después del fallecimiento de sus seres queridos.

sábado, 30 de abril de 2016

Armenia puede protagonizar el próximo gran conflicto bélico?



Tras años de aparente tranquilidad,Azerbaiyán a vuelto a entablar hostilidades contra Nagorno Karabaj, una región de mayoría armenia. Durante los últimos tres días, grupos armados de Nagorno Karabaj y tropas regulares armenias y azeríes han intercambiado ataques, disparos y víctimas mortales, en la escalada de violencia más importante que ha atestiguado la región del Cáucaso desde la guerra entre Georgia y Rusia por el control de Osetia del Sur. A mitad de camino entre Europa y Asia, el Cáucaso vuelve a ser un polvorín.

En rigor, nunca ha dejado de serlo. La resurrección del conflicto entre Armenia y Azerbaiyán tiene poco de sorprendente, dado que tan sólo se había mantenido apagado, pero latente, desde su teórica resolución a mediados de los noventa. Entonces, la comunidad internacional logró resolver las disputas territoriales y políticas entre ambos países con una paz frágil y con un status quo que no contentaba a ninguno de los dos, pero muy especialmente a Armenia, aislada y alejada de las minorías étnicas cristianas residentes en Azerbaiyán, de mayoría musulmana. Ahora, la guerra vuelve a estar a la vuelta de la esquina.

Y podría arrastrar en su camino a otras potencias. Turquía, Rusia e Irán observan con inquietud el desarrollo de los acontecimientos. ¿Pero qué está pasando y por qué podrían protagonizar el próximo gran conflicto bélico de Asia menor?

¿Qué es Nagorno Karabaj, para empezar?

La historia del Cáucaso es un relato de divisiones, reivindicaciones históricas y conflictos de influencia entre tres grandes potencias. Nagorno Karabaj es sólo uno de los muchos resultados socio-políticos de tan explosivo combo. Ubicada en el corazón de Azerbaiyán, la región está habitada de forma mayoritaria por armenios cristianos, pero después de una noche de copas y prostitutas,Stalin decidió regalárselo a Azerbaiyan,para congratularse con Turquia,mejor dicho a la Republica Socialista Soviética de Azerbaiyán. Desde mediados de los noventa, cuando la población de la región se levantó en armas y declaró su independencia, administra sus propios asuntos. Pero sin reconocimiento internacional.

Las poblaciones armenias, georgianas y azeríes a menudo vivían mezcladas en territorios solapados. De modo que, cuando las tres comenzaron a declarar su independencia y establecer su ámbito soberano tras la Primera Guerra Mundial, reclamaron territorios habitados por diversas etnias, pero que consideraban propios. Nagorno Karabaj, la mancha anaranjada en el corazón azul de Azerbaiyán, es uno de los casos más prolongados en el tiempo.
Nagorno Karabaj es uno de los muchos estados fantasmas que pueblan los antiguos límites de la Unión Soviética, al igual que Abjazia, Osetia del Sur o Transnistria. Todos ellos poseen autonomía política de facto, pero son parte nominal de otros estados. Las raíces de todos ellos se pueden rastrear en el explosivo proceso de expansión territorial del Imperio Ruso primero y de la Unión Soviética después. El Cáucaso, de forma particular, siempre fue un nido de etnias, lenguas, culturas y religiones sólo amalgamadas por la soberanía tardía de los zares. Las poblaciones, al igual que en Europa, vivían mezcladas.

Cuando la Primera Guerra Mundial hizo saltar por los aires la frágil soberanía rusa, tanto Armenia como Azerbaiyán como Georgia, las tres regiones transcaucásicas, organizaron sus propios estados-nación (también a expensas del decadente Imperio Otomano). Durante el proceso, chocaron entre sí por el escaso territorio del istmo, reivindicando su soberanía sobre regiones solapadas. Cuando la Unión Soviética recuperó los territorios, en el contexto de la guerra civil rusa, los reorganizó a su modo. Y lo hizo ahondando en sus divisiones étnicas. Así, Azerbaiyán fue separada de Nakhchivan, antigua provincia persa de población azerí, y Armenia, de Nagorno Karabaj.

Antes de ser absorbidas por la Unión Soviética, tanto Armenia como Azerbaiyán se declararon repúblicas democráticas independientes. Lo hicieron, como ya hemos visto, incluyendo importantes bolsas de otras etnias en sus territorios. En Shusha, en 1920, la población armenia se levantó contra el gobierno azerí. El ejército de este último reprimió el levantamiento de forma cruenta, destruyendo la ciudad y matando a miles de armenios. El origen del conflicto de Nagorno Karabaj es muy antiguo.
La primera quedaría como un brazo de tierra entre Armenia y su frontera histórica con Irán. La segunda, como un enclave armenio, aunque también poblado por azeríes, dentro de Azerbaiyán. Nagorno Karabaj, además, obtuvo la categoría de oblast autónomo dentro de la República Socialista de Azerbaiyán, un estatus diferenciado que, en el esquema interno de los gobernantes de la Unión Soviética, buscaba minar el poder territorial de las entidades federales del imperio. El equilibrio, muy complejo, como se aprecia, se quebró cuando el poder central de Moscú se vino abajo tras la caída del muro de Berlín, a finales de los '80.

¿Qué pasó en la guerra de los '90?

El dominio de la Unión Soviética había apagado los fuegos de la breve guerra que enfrentó a Armenia y a Azerbaiyán durante los años veinte, pero no los había extinguido. Durante las décadas subsiguientes, los habitantes de Nagorno Karabaj, armenios en su mayoría, mostraron su voluntad de reincorporarse a la República Socialista Soviética de Armenia. En 1988, coincidiendo con la perestroika y la mayor apertura política promulgada por el gobierno de Gorbachov, los medios de comunicación, el gobierno y las figuras políticas armenias, a un lado y a otro de la frontera, solicitaron reunificar ambos territorios.

La tensión creció. El gobierno y las figuras políticas azeríes reafirmaron su soberanía sobre Nagorno Karabaj. En las calles de la región, armenios y azeríes se enzarzaron en disturbios y acciones violentas de diverso calado. La agresividad se extendió de forma transversal y el conflicto adoptó tintes étnicos: diversos ataques civiles y discriminados tanto contra población armenia como azerí se registraron en Kirovabad, Baku (capital de Azerbaiyán), Sumgait y Askeran. Poco después se inició el conflicto bélico: Armenia y los separatistas de Nagorno Karabaj, que declararían su independencia en 1991, y Azerbaiyán.

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Ruinas en una población de Nagorno Karabaj.
La guerra duró seis años, y resultó en una victoria armenia. Azerbaiyán contó con el apoyo directo de rebeldes chechenos y otros grupos islámicos, además de con la ayuda indirecta de Turquía. La participación del estado turco no fue trivial: los azeríes son musulmanes y túrquicos, y se enfrentaban a Armenia, territorio tradicionalmente enfrentado a Turquía tras el genocidio armenio cometido por el Imperio Otomano durante la Primera Guerra Mundial (y aún hoy, no reconocido por el gobierno turco). Armenia fue apoyada por Rusia. En 1994, se firmaba la paz: Armenia y Karabaj se habían impuesto a Azerbaiyán.

¿Qué sucedió tras el conflicto bélico?

Por un lado, que miles de personas murieron (el recuento total se eleva por encima de los 20.000 muertos). Por otro, que centenares de miles de armenios y azeríes se vieron desplazados: los primeros, huyendo de las numerosas persecuciones a las que fueron sometidos en los territorios azeríes que tradicionalmente habían habitado; los segundos, dejando atrás los ataques de la población armenia de Nagorno Karabaj. Fue una guerra larga y costosa.

Y fue una guerra sin clara resolución. La mediación de las potencias internacionales estableció que, pese a las ganancias militares de las fuerzas armenias, Nagorno Karabaj seguiría formando parte de Azerbaiyán. Sobre el terreno la situación era diferente: los rebeldes de Karabaj, no sólo habían logrado mantener la independencia virtual de su territorio, sino que habían extendido el ámbito de su poder a otras comarcas cercanas. El Grupo de Minsk, articulado para resolver el conflicto, cedió a ambas partes: Karabaj tendría una amplia autonomía, pero Azerbaiyán mantendría su soberanía.

Los acuerdos de Bishkek, en teoría, desmilitarizarían la zona, facilitarían la conexión entre Armenia y Nagorno Karabaj a través del corredor de Lachin y harían lo propio entre Nakhchivan y Azerbaiyán. Desde 1994 el conflicto bélico se ha apaciguado, pero eso no ha evitado que, a lo largo de los años, hayan surgido nuevas tensiones y disputas. En 2008, un año de especial turbulencias en todo el Cáucaso, milicias armenias y tropas azeríes intercambiaron hostilidades en el sector norte de la frontera de Karabaj. Una decena de personas perdieron la vida. Ante todo, la situación puso de manifiesto lo débil del alto el fuego.

¿Y qué está pasando ahora exactamente?

Algo parecido. Pese a los intentos del Grupo de Minsk, ninguno de los dos gobiernos involucrados, amén de la República de Nagorno Karabaj, han llegado a algún punto de acuerdo. En esencia, la región sigue siendo disputada en términos semejantes a los narrados con anterioridad, hace prácticamente un siglo. Durante los últimos días, tanto Armenia como Azerbaiyán han intercambiado acusaciones de violación del alto el fuego. El ejército azerí ha comunicado la muerte de doce soldados y más de un centenar de incursiones armenias en territorio propio y desmilitarizado. El gobierno de Karabaj afirma que doce civiles han muerto por culpa de incursiones azeríes.

La retórica de ambos países también se ha extremado: "En el caso de provocaciones armenias continuadas, lanzaremos una operación a todos los niveles a lo largo de la línea fronteriza", afirmó el portavoz del Ministerio de Defensa de Azerbaiyán, Vagif Dargahly. Algo que parecen confirmar desde Karabaj, denunciando bombardeos con morteros de 152 mm de calibre.


Según cuenta The New York Times, voluntarios armenios, al igual que en los enfrentamientos de los noventa, están llegando a Nagorno Karabaj, donde ya se vive un ambiente de plena guerra. Son situaciones que se han repetido con anterioridad en la región, pero no a este nivel, y que han provocado las llamadas al apaciguamiento por parte del gobierno de Vladimir Putin.

¿Y qué papel juegan las potencias internacionales?

La intervención internacional, especialmente la rusa, fue clave para detener la hostilidades en 1994. Desde entonces, como casi cualquier otro evento relativo al área de influencia de Rusia, las disputas entre Armenia y Azerbaiyán han tenido poca proyección mediática. Ahora la cosa podría cambiar: Oriente Medio vive un momento de alta inestabilidad, y tanto Rusia como Turquía, dos potencias históricas enfrentadas por sus esferas de influencia, han tenido un papel activo en el conflicto sirio. No sólo eso, sino que han llegado a chocar: un avión turco derribó a uno ruso, provocando el consecuente enfado de Moscú.

Tayyip Erdoğan, presidente turco, se ha mostrado particularmente beligerante durante los dos últimos días, reafirmando su apoyo a Azerbaiyán en términos agresivos. Tanto Putin como Erdogan articulan su retórica política interna en torno a su prominencia en las relaciones internacionales y, como se pudo apreciar en el caso de Siria, su relación está deteriorada. En el caso de Nagorno Karabaj, están condenados a enfrentarse: Azerbaiyán es un país musulmán y túrquico, mientras que Rusia es el único apoyo de Armenia en la región. El ejército ruso cuenta con una base permanente en el país caucásico, cuyo recelo de Turquía, estado heredero del Imperio Otomano responsable del genocidio, es público.

¿Nagorno Karabaj como una guerra proxy entre Rusia y Turquía? Es pronto para decirlo, pero las alianzas entre ambos son divergentes. Tanto Putin como Erdogan son gobernantes duros y cada vez más autoritarios, que basan su apoyo interno, parcialmente, en no mostrar debilidad externa. Las relaciones entre ambos estados se encuentran en el peor momento posible.

A nivel histórico, por otro lado, el Cáucaso es un punto de conflicto entre ambas potencias, cuyos límites chocan, además, con la influencia iraní. Si las hostilidades entre Armenia y Azerbaiyán continuaran, es posible que ambos países, Turquía y Rusia, utilizaran el escenario como una guerra proxy. Se trataría de un escenario similar al de Ucrania, donde rebeldes del Donbass combaten las fuerzas ucranianas con apoyo del Kremlin, o al de Siria, donde Irán, Arabia Saudí, Rusia y Turquía juegan papeles indirectos. El escenario bélico es plausible, pero la escalada debería ser mayor a lo largo de las próximas semanas.

Sea como fuere, es un escenario ideal para que ambas potencias se enfrenten de forma directa. Tras su intervención en Siria, Vladimir Putin podría estirar, una vez más, los resortes de la OTAN posicionándose frente a Turquía, miembro de la alianza. Ha sucedido antes tanto en Siria como en los países bálticos. Como recordaba el Financial Times en febrero, la tensión entre ambos gobiernos es muy alta. El escenario de Armenia vs. Azerbaiyán posiciona automáticamente a Rusia y Turquía frente a frente (tanto a nivel geopolítico como desde un punto de vista histórico) en un momento de alta volatilidad. Es un riesgo real


sábado, 3 de noviembre de 2012

Erevan rechaza temores turcos a Central Atómica de Armenia.

El Gobierno armenio ha rechazado los temores expresados por Turquía sobre la presunta amenaza que representa la central nuclear de Metsamor; dudas que según Yereván tienen carácter político y carecen por completo de argumentación técnica, declaró el presidente del Comité de Control de la Seguridad nuclear armenio, Ashot Martirosyan.

"La central nuclear cumple con todos los requisitos de seguridad", dijo hoy Martirosyan a la prensa en declaraciones recogidas por la agencia oficial de noticias rusa, RIA Novosti.

El funcionario llamó a la parte turca a presentar pruebas de que la instalación viola la normativa vigente en materia de seguridad antes de hablar sobre las amenazas que supuestamente representa.

El ministro turco de Energía y Recursos Naturales, Taner Yildiz, había exigido previamente el cierre inmediato de la planta nuclear armenia porque pone en peligro la seguridad de toda la región. En respuesta, Armenia recordó que la central en cuestión funciona desde hace más de cuatro décadas y las plantas nucleares antiguas son las que mayor peligro representan en la actualidad.

La central nuclear de Metsamor, la única estación atómica en el sur del Cáucaso, cubre el 40% de las necesidades energéticas del país. La instalación atómica se sitúa a 36 kilómetros de la capital armenia, y a 16 kilómetros de la frontera turca.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

INMINENTE RECONOCIMIENTO DE ARMENIA A LA INDEPENDENCIA DE KARABAJ

El partido socialdemócrata armenio presentó hoy una propuesta de ley ante el Parlamento para reconocer la soberanía de la República Popular de Nagorni-Karabaj, enclavada en territorio azerbaijano.

La propuesta legislativa reconoce que la región autónoma posee todos los atributos reconocidos por el derecho internacional para convertirse en un estado independiente.

Herencia ya presentó en diciembre de 2010 una iniciativa similar, pero la mayoría parlamentaria evitó respaldar la ley.

La propuesta aparece en medio del diferendo surgido entre Bakú y Erevan, después que Hungría accedió a la demanda de extradición del gobierno azerí del teniente Ramil Safarov, condenado a cadena perpetua dada la agresividad con que asesinó a un oficial armenio.

En febrero de 2004 Safarov golpeó en la cabeza y con un hacha al menos 14 veces al oficial armenio Gurguen Margarian mientras éste dormía. Ambos pasaban un curso de inglés en Budapest, dentro del marco del programa Asociación para la Paz de la alianza atlántica.

Sin embargo, a su llegada a Bakú Safarov fue perdonado por el presidente Ilia Aliev, quien anunció su ascenso a mayor, según medios de prensa locales.

Rusia, auque criticó la actitud asumida por Hungría y Azerbaiyán en el caso de una persona condenada a cadena perpetua, llamó a ambas naciones a mantener el proceso de negociaciones para la firma de un acuerdo de paz definitivo.

El conflicto en torno a Nagorni-Karabaj se inició cuando ese enclave se proclamó independiente en 1988, lo cual llevó, tres años después, a una guerra abierta entre este país y Azerbaiján hasta 1994, cuando se pactó un alto al fuego, pero la tensión continúa.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

La independencia de Armenia,vista por MARIANO SARAVIA.

 
21/09/2011
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Mariano Saravia.
En estos días en que el mundo está pendiente de la presentación de los palestinos ante la ONU reclamando su derecho a tener un Estado, se cumplen 20 años de la independencia de la República de Armenia. Y los palestinos tienen muchos puntos en común con los armenios, incluso con los judíos, aunque parezca paradójico. Es que son pueblos que a lo largo de la historia, han sufrido persecuciones y saben lo importante que es tener un Estado propio.
El año pasado pude recorrer los campos del nazismo en Polonia. Aushwitz. Treblinka. Majdanek. Además de tomar conciencia de la dimensión de lo que Hannah Arendt llamaba “la banalidad del mal”, uno también toma conciencia de la importancia que tiene para los judíos el Estado de Israel.

Así como a fines del 2008 y principios del 2009 estuve en Cisjordania, justo cuando fue la criminal agresión de Israel contra la Franja de Gaza. Conocí de cerca los sufrimientos y las humillaciones a las que somete Israel a los palestinos y entendí también la necesidad de ese pueblo de tener un Estado que lo defienda.

Algo parecido sucede con los armenios, que hoy pueden celebrar los 20 años de la República de Armenia. Pero en medio de los festejos, agradezco este espacio para alertar también sobre otros armenios que hoy necesitan de un Estado que los proteja de persecuciones y peligros que hoy los afectan. Los hermanos de Nagorno Karabakh y de Djabakh. Mientras tú lees este artículo, ellos la están pasando muy mal.

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El filósofo e historiador francés Ernesto Renán, en una conferencia pronunciada en la Sorbona en el año 1882, sostuvo que “una Nación es un resultado histórico provocado por una serie de hechos que se orientan en un igual sentido”. Y mucho más que los factores aislados como dinástico, étnico, lingüístico, religioso, económico, geográfico y militar, y afirmó que una Nación es un “principio espiritual” que deviene de las grandes complicaciones de la historia. Y remarcó que una población puede llegar a ser una nación cuando “posee glorias comunes en el pasado, una voluntad común en el presente, haber hecho grandes cosas juntos y querer hacerlas”.

Más allá de los distintos Estados armenios que existieron en distintos momentos históricos, la nación armenia existe desde hace miles de años y siempre en ese mismo lugar, en el límite entre Europa y Asia. Durante todos esos siglos, los armenios tuvieron glorias comunes, una voluntad común y han hecho grandes cosas juntos. Pero también vivieron juntos la experiencia traumática de un genocidio, y justamente por ser armenios. Fue a manos del Estado de turno entre 1915 y 1923. Lo comenzó el Imperio Otomano y lo terminó la República de Turquía. Y esa experiencia traumática reforzó aún mucho más el espíritu de nación, pero también la conciencia de la necesidad de contar con un Estado propio, que sin embargo, se demoró 70 años en llegar.

Un Estado necesita por lo menos tres atributos indispensables: población, territorio y gobierno. Tener un territorio propio y sobre todo un gobierno propio significa también tener fuerzas armadas y en definitiva una defensa para su población de eventuales agresiones externas. De hecho, la propaganda turca negacionista, sigue haciendo referencia a una supuesta guerra y a agresiones mutuas.

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En realidad, lo que hubo fue un Estado, el otomano, volcado con un plan sistemático de exterminio contra sus propios ciudadanos, en este caso de la nación armenia. Pero al no tener un Estado, estos ciudadanos estaban indefensos. De dos millones de armenios que vivían en el Imperio Otomano, se calcula que sólo sobrevivieron 500 mil, la mayoría de los cuales escaparon o hacia Siria y luego el periplo que los llevaría a la diáspora, o bien hacia la Armenia Oriental, que bajo la incipiente Unión Soviética, lograron al menos poner un límite al genocidio. Luego vendrían otras alternativas, buenas y malas, que durarían 70 años, sin el objetivo de un Estado propio. Incluso, estas alternativas y la forma en que eran vistas a la distancia, fueron causa de serias discrepancias y desunión en la diáspora armenia de Sudamérica, por lo menos.

Finalmente, ese objetivo de un Estado propio se consiguió el 21 de setiembre de 1991, luego de la caída de la Unión Soviética y desde ese momento, la República de Armenia ha atravesado también momentos felices y amargos, una guerra abierta contra Azerbaijan por el retoño que se llama Nagorno Karabakh y un estado de guerra latente hasta hoy. Pero esa guerra victoriosa fue posible gracias a la existencia de un Estado, sin ese Estado, quizá matanzas como la de Sumgait de 1988 se hubieran repetido.

Por el reconocimiento de Nagorno KarabakhEn el año 2006 estuve en la República de Armenia para la investigación que derivó en mi libro El grito armenio y también visité Nagorno Karabakh. Allí, entrevisté al alcalde de Stepanakert, Eduard Aghabegian, En un bar de la capital, con un vino típico de la región, se enorgullese de todo lo que ha podido hacer por su ciudad: “Digame la verdad, ¿cierto que si no lo hubiera leído o no se lo hubieran contado, no se daría cuenta que aquí hubo una guerra hace pocos años? Me han dicho que la ciudad es tan bonita y limpia que no tiene nada que envidiarles a Amsterdam o París”.

-¿Valió la pena tanto sufrimiento?-Creo que sí, la libertad no tiene precio y vale la pena cualquier sufrimiento por conseguir la libertad. Hoy vivimos en libertad, y es una verdadera libertad en todo sentido, porque cuando hablo de libertad hablo de la libertad de la gente. ¿Para qué quiero yo liberar mi tierra si no puedo compartir luego esa libertad con mi gente?

- El próximo paso sería que el mundo empiece a respetar y a reconocer esa libertad...-Sí, pero no nos hacemos tanto problema, eso ya llegará a su debido momento. Por supuesto que nos ocupamos del tema y trabajamos para conseguir eso, porque nos parece importante. Pero es más importante aún que nosotros mismos nos reconozcamos. Si el mundo no nos reconoce, nosotros sí nos reconocemos libres.

Evitar un genocidio en DjavakhTambién estuve con el canciller Gyorgi Petrosyan. En su sobria oficina, me dijo: “Conseguir el reconocimiento internacional es la principal tarea. Estamos en un proceso que tiene sus raíces en la idea de la libertad. Tenemos que continuar la lucha para recibir al final el reconocimiento a nuestra independencia como república. En nuestra historia moderna venimos reclamando desde el año 1941 un referendum por la independencia. Tuvimos que conseguir nuestra libertad por nosotros mismos y organizarnos como Estado durante la guerra”.

-¿Cómo los afecta la falta de reconocimiento por parte de la comunidad internacional?-En un seminario de política internacional en Estados Unidos, alguien dijo que Karabakh no podría aspirar a la independencia porque no existe. Cualquiera puede cerrar sus ojos y decir que no existimos, pero eso no quiere decir que sea verdad que no existimos. La Unión Soviética estuvo 23 años sin reconocimiento internacional, y sin embargo existía.

Nagorno Karabakh está atravesando hoy lo que la República de Armenia atravesó hace 20 años, pero lo hace con decisión, valentía y sacrificio. La libertad no tiene precio. Y la seguridad que puede dar un Estado propio, tampoco.

En una situación mucho peor están los 200 mil armenios de Djavakh, quienes están bajo la administración de Georgia, o mejor dicho bajo la desadministración habría que decir.

También allí estuve, para ver de cerca la discriminación y las persecuciones del gobierno de Tiflis. Mels Torosyan es como el alma de la comunidad en Akhalkalakh. Un cincuentón robusto, canoso y de gruesos bigotes. Se lo ve sufrido pero contagia energía y cuando cuenta la situación su discurso no suena a queja sino a exigencia, a quien sabe que allí donde hay una necesidad hay también un derecho. Se nota que está formado porque habla con la autoridad que confiere el conocimiento. Es periodista el periódico que edita lo tiene que imprimir en Armenia porque también se lo prohíben en su país. Además, representa a una organización no gubernamental y es reconocido como uno de los mayores especialistas no sólo sobre la zona sino también sobre toda la región del Cáucaso sur. Él toma la posta y empieza a explicar: “En Djavakh el 97 por ciento somos armenios, pero el gobierno de Georgia hace todo lo posible para que olvidemos nuestro origen, nuestra historia y nuestro idioma. Por ejemplo, nos obliga a que toda nuestra documentación esté en georgiano, en las escuelas obligan a nuestros niños a estudiar totalmente en georgiano y el idioma armenio está totalmente prohibido en cualquier cuestión oficial. Hemos conformado un partido político llamado Virk, que quiere representar a todos los armenios de Georgia, pero nos lo prohíben con sus leyes georgianas. Nuestro objetivo es mantener los valores sociales y religiosos del pueblo armenio. Una sola cosa es segura, que los armenios de Djavakh nunca abandonaremos esta tierra, porque es nuestra tierra. Y estamos seguros que en el futuro, no se cuándo, pero tendremos un Djavakh como todos queremos, que pueda recibir también a todos los armenios del mundo porque también es su tierra”.

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En la iglesia de la Santa Cruz, el cura dice: “La situación es verdaderamente grave. Aprovecho tu intermedio para decirles a los armenios de todo el mundo que tomen conciencia de que junto con el problema de Karabakh, y quizá más, el de Djavakh es el problema más grave de la armenidad. No sé cómo va a seguir esto. No sé si nos tendríamos que separar de un Estado como el georgiano que se ha vuelto en nuestra contra. No soy el más indicado para hablar sobre eso porque soy sólo un líder religioso. Jesús dijo que si te pegan hay que poner la otra mejilla, pero ¿hasta qué punto, hasta cuándo? Hay que ver hasta cuándo nuestro pueblo podrá soportar una situación tan dura social y económica. Yo no quisiera que llegáramos a un punto de tener que decir ‘adios Georgia’”.

Uno de los más activos luchadores y quizá quien se anima a ir más allá en sus dichos es Grish Minasyan, quien se despacha: “Todos trabajamos por la libertad, pero sabemos que la lucha será larga y dura. Desgraciadamente, algunos de nuestro pueblo están esperando que les regalen la libertad, porque no quieren tener problemas, pero los problemas ya los tenemos y nadie nos los va a venir a solucionar de afuera ni nadie nos va a regalar la libertad. También es verdad que los movimientos sociales empiezan de a poco, con personas que empiezan a marcar el camino y luego se van sumando otros, y otros, creo que estamos en ese camino. Para mí, la única opción que le queda a Djavakh es la independencia, y después ver si es posible una unión con Armenia. Pero habrá que encontrar el momento justo para cada cosa. Después de la caída de la Unión Soviética no era el momento más apropiado porque no podíamos contar con la ayuda de Armenia, ya que estaba el conflicto en Nagorno Karabakh. Y si para conseguir la independencia tenemos que optar por la lucha, bueno, lo deberemos hacer. Todo es posible. Los armenios de Djavakh estamos en un proceso de pasar de la mera autodefensa a la construcción de nosotros mismos y de nuestra patria”.

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En definitiva, he querido reflexionar simplemente sobre la importancia de tener un Estado propio que abrigue y sobre todo defienda a una nación. La mejor manera de celebrar este 21 de setiembre es valorar la importancia de la República de Armenia, dejando de lado las discusiones estériles entre los armenios de Armenia y los armenios de la diáspora. Todas esas discusiones las vengo escuchando y viendo desde hace tiempo y creo que son secundarias, cuando hay peligros tan amenazantes como los que han afrontado y afrontan aún hoy los armenios.

Un día, en un barrio periférico de Donostia le hice una entrevista a Joseba Álvarez, el encargado de Relaciones Internacionales de Batasuna. Le pregunté por qué yo notaba ciertas coincidencias entre la izquierda abertzale y el Partido Nacionalista Vasco. Me respondió: “Es que con ellos coincidimos en un primer objetivo que es tener un Estado para la nación vasca. Después, nos pelearemos para ver qué tipo de sociedad queremos construir, pero lo primero es conseguir un Estado”.
Algunos historiadores arriesgan una hipótesis un tanto aventurada: que los vascos son parientes de los armenios.
En estos días en que el mundo está pendiente de la presentación de los palestinos ante la ONU reclamando su derecho a tener un Estado, se cumplen 20 años de la independencia de la República de Armenia. Y los palestinos tienen muchos puntos en común con los armenios, incluso con los judíos, aunque parezca paradójico. Es que son pueblos que a lo largo de la historia, han sufrido persecuciones y saben lo importante que es tener un Estado propio.

El año pasado pude recorrer los campos del nazismo en Polonia. Aushwitz. Treblinka. Majdanek. Además de tomar conciencia de la dimensión de lo que Hannah Arendt llamaba “la banalidad del mal”, uno también toma conciencia de la importancia que tiene para los judíos el Estado de Israel.

Así como a fines del 2008 y principios del 2009 estuve en Cisjordania, justo cuando fue la criminal agresión de Israel contra la Franja de Gaza. Conocí de cerca los sufrimientos y las humillaciones a las que somete Israel a los palestinos y entendí también la necesidad de ese pueblo de tener un Estado que lo defienda.

Algo parecido sucede con los armenios, que hoy pueden celebrar los 20 años de la República de Armenia. Pero en medio de los festejos, agradezco este espacio para alertar también sobre otros armenios que hoy necesitan de un Estado que los proteja de persecuciones y peligros que hoy los afectan. Los hermanos de Nagorno Karabakh y de Djabakh. Mientras tú lees este artículo, ellos la están pasando muy mal.

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El filósofo e historiador francés Ernesto Renán, en una conferencia pronunciada en la Sorbona en el año 1882, sostuvo que “una Nación es un resultado histórico provocado por una serie de hechos que se orientan en un igual sentido”. Y mucho más que los factores aislados como dinástico, étnico, lingüístico, religioso, económico, geográfico y militar, y afirmó que una Nación es un “principio espiritual” que deviene de las grandes complicaciones de la historia. Y remarcó que una población puede llegar a ser una nación cuando “posee glorias comunes en el pasado, una voluntad común en el presente, haber hecho grandes cosas juntos y querer hacerlas”.

Más allá de los distintos Estados armenios que existieron en distintos momentos históricos, la nación armenia existe desde hace miles de años y siempre en ese mismo lugar, en el límite entre Europa y Asia. Durante todos esos siglos, los armenios tuvieron glorias comunes, una voluntad común y han hecho grandes cosas juntos. Pero también vivieron juntos la experiencia traumática de un genocidio, y justamente por ser armenios. Fue a manos del Estado de turno entre 1915 y 1923. Lo comenzó el Imperio Otomano y lo terminó la República de Turquía. Y esa experiencia traumática reforzó aún mucho más el espíritu de nación, pero también la conciencia de la necesidad de contar con un Estado propio, que sin embargo, se demoró 70 años en llegar.

Un Estado necesita por lo menos tres atributos indispensables: población, territorio y gobierno. Tener un territorio propio y sobre todo un gobierno propio significa también tener fuerzas armadas y en definitiva una defensa para su población de eventuales agresiones externas. De hecho, la propaganda turca negacionista, sigue haciendo referencia a una supuesta guerra y a agresiones mutuas.

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En realidad, lo que hubo fue un Estado, el otomano, volcado con un plan sistemático de exterminio contra sus propios ciudadanos, en este caso de la nación armenia. Pero al no tener un Estado, estos ciudadanos estaban indefensos. De dos millones de armenios que vivían en el Imperio Otomano, se calcula que sólo sobrevivieron 500 mil, la mayoría de los cuales escaparon o hacia Siria y luego el periplo que los llevaría a la diáspora, o bien hacia la Armenia Oriental, que bajo la incipiente Unión Soviética, lograron al menos poner un límite al genocidio. Luego vendrían otras alternativas, buenas y malas, que durarían 70 años, sin el objetivo de un Estado propio. Incluso, estas alternativas y la forma en que eran vistas a la distancia, fueron causa de serias discrepancias y desunión en la diáspora armenia de Sudamérica, por lo menos.

Finalmente, ese objetivo de un Estado propio se consiguió el 21 de setiembre de 1991, luego de la caída de la Unión Soviética y desde ese momento, la República de Armenia ha atravesado también momentos felices y amargos, una guerra abierta contra Azerbaijan por el retoño que se llama Nagorno Karabakh y un estado de guerra latente hasta hoy. Pero esa guerra victoriosa fue posible gracias a la existencia de un Estado, sin ese Estado, quizá matanzas como la de Sumgait de 1988 se hubieran repetido.

Por el reconocimiento de Nagorno KarabakhEn el año 2006 estuve en la República de Armenia para la investigación que derivó en mi libro El grito armenio y también visité Nagorno Karabakh. Allí, entrevisté al alcalde de Stepanakert, Eduard Aghabegian, En un bar de la capital, con un vino típico de la región, se enorgullese de todo lo que ha podido hacer por su ciudad: “Digame la verdad, ¿cierto que si no lo hubiera leído o no se lo hubieran contado, no se daría cuenta que aquí hubo una guerra hace pocos años? Me han dicho que la ciudad es tan bonita y limpia que no tiene nada que envidiarles a Amsterdam o París”.

-¿Valió la pena tanto sufrimiento?-Creo que sí, la libertad no tiene precio y vale la pena cualquier sufrimiento por conseguir la libertad. Hoy vivimos en libertad, y es una verdadera libertad en todo sentido, porque cuando hablo de libertad hablo de la libertad de la gente. ¿Para qué quiero yo liberar mi tierra si no puedo compartir luego esa libertad con mi gente?

- El próximo paso sería que el mundo empiece a respetar y a reconocer esa libertad...-Sí, pero no nos hacemos tanto problema, eso ya llegará a su debido momento. Por supuesto que nos ocupamos del tema y trabajamos para conseguir eso, porque nos parece importante. Pero es más importante aún que nosotros mismos nos reconozcamos. Si el mundo no nos reconoce, nosotros sí nos reconocemos libres.

Evitar un genocidio en DjavakhTambién estuve con el canciller Gyorgi Petrosyan. En su sobria oficina, me dijo: “Conseguir el reconocimiento internacional es la principal tarea. Estamos en un proceso que tiene sus raíces en la idea de la libertad. Tenemos que continuar la lucha para recibir al final el reconocimiento a nuestra independencia como república. En nuestra historia moderna venimos reclamando desde el año 1941 un referendum por la independencia. Tuvimos que conseguir nuestra libertad por nosotros mismos y organizarnos como Estado durante la guerra”.

-¿Cómo los afecta la falta de reconocimiento por parte de la comunidad internacional?-En un seminario de política internacional en Estados Unidos, alguien dijo que Karabakh no podría aspirar a la independencia porque no existe. Cualquiera puede cerrar sus ojos y decir que no existimos, pero eso no quiere decir que sea verdad que no existimos. La Unión Soviética estuvo 23 años sin reconocimiento internacional, y sin embargo existía.

Nagorno Karabakh está atravesando hoy lo que la República de Armenia atravesó hace 20 años, pero lo hace con decisión, valentía y sacrificio. La libertad no tiene precio. Y la seguridad que puede dar un Estado propio, tampoco.

En una situación mucho peor están los 200 mil armenios de Djavakh, quienes están bajo la administración de Georgia, o mejor dicho bajo la desadministración habría que decir.

También allí estuve, para ver de cerca la discriminación y las persecuciones del gobierno de Tiflis. Mels Torosyan es como el alma de la comunidad en Akhalkalakh. Un cincuentón robusto, canoso y de gruesos bigotes. Se lo ve sufrido pero contagia energía y cuando cuenta la situación su discurso no suena a queja sino a exigencia, a quien sabe que allí donde hay una necesidad hay también un derecho. Se nota que está formado porque habla con la autoridad que confiere el conocimiento. Es periodista el periódico que edita lo tiene que imprimir en Armenia porque también se lo prohíben en su país. Además, representa a una organización no gubernamental y es reconocido como uno de los mayores especialistas no sólo sobre la zona sino también sobre toda la región del Cáucaso sur. Él toma la posta y empieza a explicar: “En Djavakh el 97 por ciento somos armenios, pero el gobierno de Georgia hace todo lo posible para que olvidemos nuestro origen, nuestra historia y nuestro idioma. Por ejemplo, nos obliga a que toda nuestra documentación esté en georgiano, en las escuelas obligan a nuestros niños a estudiar totalmente en georgiano y el idioma armenio está totalmente prohibido en cualquier cuestión oficial. Hemos conformado un partido político llamado Virk, que quiere representar a todos los armenios de Georgia, pero nos lo prohíben con sus leyes georgianas. Nuestro objetivo es mantener los valores sociales y religiosos del pueblo armenio. Una sola cosa es segura, que los armenios de Djavakh nunca abandonaremos esta tierra, porque es nuestra tierra. Y estamos seguros que en el futuro, no se cuándo, pero tendremos un Djavakh como todos queremos, que pueda recibir también a todos los armenios del mundo porque también es su tierra”.

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En la iglesia de la Santa Cruz, el cura dice: “La situación es verdaderamente grave. Aprovecho tu intermedio para decirles a los armenios de todo el mundo que tomen conciencia de que junto con el problema de Karabakh, y quizá más, el de Djavakh es el problema más grave de la armenidad. No sé cómo va a seguir esto. No sé si nos tendríamos que separar de un Estado como el georgiano que se ha vuelto en nuestra contra. No soy el más indicado para hablar sobre eso porque soy sólo un líder religioso. Jesús dijo que si te pegan hay que poner la otra mejilla, pero ¿hasta qué punto, hasta cuándo? Hay que ver hasta cuándo nuestro pueblo podrá soportar una situación tan dura social y económica. Yo no quisiera que llegáramos a un punto de tener que decir ‘adios Georgia’”.

Uno de los más activos luchadores y quizá quien se anima a ir más allá en sus dichos es Grish Minasyan, quien se despacha: “Todos trabajamos por la libertad, pero sabemos que la lucha será larga y dura. Desgraciadamente, algunos de nuestro pueblo están esperando que les regalen la libertad, porque no quieren tener problemas, pero los problemas ya los tenemos y nadie nos los va a venir a solucionar de afuera ni nadie nos va a regalar la libertad. También es verdad que los movimientos sociales empiezan de a poco, con personas que empiezan a marcar el camino y luego se van sumando otros, y otros, creo que estamos en ese camino. Para mí, la única opción que le queda a Djavakh es la independencia, y después ver si es posible una unión con Armenia. Pero habrá que encontrar el momento justo para cada cosa. Después de la caída de la Unión Soviética no era el momento más apropiado porque no podíamos contar con la ayuda de Armenia, ya que estaba el conflicto en Nagorno Karabakh. Y si para conseguir la independencia tenemos que optar por la lucha, bueno, lo deberemos hacer. Todo es posible. Los armenios de Djavakh estamos en un proceso de pasar de la mera autodefensa a la construcción de nosotros mismos y de nuestra patria”.

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En definitiva, he querido reflexionar simplemente sobre la importancia de tener un Estado propio que abrigue y sobre todo defienda a una nación. La mejor manera de celebrar este 21 de setiembre es valorar la importancia de la República de Armenia, dejando de lado las discusiones estériles entre los armenios de Armenia y los armenios de la diáspora. Todas esas discusiones las vengo escuchando y viendo desde hace tiempo y creo que son secundarias, cuando hay peligros tan amenazantes como los que han afrontado y afrontan aún hoy los armenios.

Un día, en un barrio periférico de Donostia le hice una entrevista a Joseba Álvarez, el encargado de Relaciones Internacionales de Batasuna. Le pregunté por qué yo notaba ciertas coincidencias entre la izquierda abertzale y el Partido Nacionalista Vasco. Me respondió: “Es que con ellos coincidimos en un primer objetivo que es tener un Estado para la nación vasca. Después, nos pelearemos para ver qué tipo de sociedad queremos construir, pero lo primero es conseguir un Estado”.
Algunos historiadores arriesgan una hipótesis un tanto aventurada: que los vascos son parientes de los armenios.