domingo, 5 de junio de 2011

Mary Ellen Iskenderian, de Wall Street a la opción por los más pobres.

Puede pasar horas tocando el piano. Pero no es eso de lo que habla. Porque, sin ponerse colorada ni vacilar, dice que lo suyo es algo así como ser la "conciencia" de las microfinanzas, esa especie de murmullo interior que dicta desde adentro qué es lo que se debe y lo que no se debe hacer. La pared que divide el bien del mal.
Ambiciosa, semejante aspiración no está nada mal como vocación. Claro que en el caso de Mary Ellen Iskenderian la cosa gana color si se tiene en cuenta que la conciencia bancaria de la que habla aflora desde Wall Street, la patria de las "hipotecas basura" que convirtió a la burbuja inmobiliaria en un mortal terremoto financiero.
No se hace la distraída. Sabe de lo que habla esta norteamericana de 51 años y ascendencia armenia y, posiblemente, la cuestión le incomode.
Pero, en todo caso, el punto no la amilana en su conversación con La Nación, en la que recuerda cómo recorrió el escalafón interno de esa industria difícil de poner en regla. Empezó como testigo de primera línea, en los años mozos de su carrera cuando, apenas graduada de la Escuela de Administración de Yale, trabajó en Lehman Brothers - "que en paz descanse", dice, con sarcasmo- donde, por cierto, aprendió mucho de eso de hacer dinero.
Por aquel entonces, pasaba sus horas entre las operaciones bancarias y su otra pasión secreta: el piano, instrumento al que se ha volcado desde los nueve años, hasta ser, hoy, ejecutora reconocida entre quienes la conocen.
Lo de Lehman fue hace dos décadas -mucho antes de que estallara la catástrofe con los papeles basura- y fueron cuatro años de experiencia en la línea de choque de las finanzas. "Pero no era lo mío. Algo me estaba faltando", cuenta. Difícilmente lo que faltara fueran dólares. De eso había, y muchos.
La ausencia era otra. De modo que ajustó un poco la mira y se fue a la Corporación Financiera Internacional (CFI), el brazo del Banco Mundial que intenta expandir la actividad privada en los países en desarrollo. Fueron 17 años de trabajar con mercados globales, sobre todo, en el Sudeste Asiático.
"Fue una etapa de mucho aprendizaje, en la que comprendí la fuerza que tienen las personas para cambiar su propio destino", dice. Hay cosas que no se olvidan nunca o que marcan una vida. No por nada ahora, por ejemplo, está leyendo una vez más sobre el Mahatma Ghandi. En este caso, su más reciente última biografía, Great Soul: Mahatma Gandhi and His Struggle With India (Alma grande: Mahatma Gandhi y su lucha con la India), el vívido retrato del líder pacifista, logrado por Joseph Lelyveld, ex director editorial de The New York Times.
Iskenderian no tiene duda de que su personal paso por geografías lejanas fertilizó el germen de su enamoramiento final, ése que, con el correr de los años, la hizo caer fascinada por lo que -está convencida- es la mejor arma para el cambio social: las microfinanzas.
Si algo tuvo en común ese raro enamoramiento con el que suele bendecir a los mortales más afortunados, es el hecho de haber ocurrido del modo más impensado; esto es, sin proponérselo. No dio con la vocación de su vida a la vuelta de la esquina, sino en Uganda.
Ella recuerda que el CFI la comisionó al país africano, tierra del tristemente célebre Idi Amín, para llevar adelante un ejercicio sobre el potencial impacto de incorporar a la mujer como mano de obra. Para ella, fue empezar a comprender la capacidad de las mujeres como agentes de transformación social. "Con la ayuda necesaria, son la herramienta del cambio de un país", dijo.
Sólo le faltaba cruzar la idea con el motor que la hiciera posible y fue entonces como llegó a las microfinanzas. "Cuando se termina de comprender de qué se trata, se descubre que se está frente a algo así como la fórmula mágica. La verdadera herramienta para superar la pobreza", dice.
Convencida de la fórmula, Iskenderian dejó la rentable burocracia de las finanzas internacionales para ponerse al timón del Banco Mundial de la Mujer (WWB, por sus siglas en inglés), una institución fundada hace treinta años bajo la premisa de que las mujeres no tendrían dignidad mientras no fuesen agentes económicos con poder y autonomía.
Eso fue hace seis años. Y hoy, a pesar de los vaivenes de la industria, el WWB devino en la mayor red de entidades de microcréditos en todo el mundo. Un entramado que declara 23 millones de clientes -dos tercios de los cuales son mujeres- y un portafolio de más de 4000 millones de dólares en préstamos destinados a "apoyar pequeños negocios y emprendimientos con los que se produce la mayor transformación para salir de la pobreza". Trabajan en 27 países de América latina, Asia, África y Europa.
Imposible no preguntarle por la Argentina. Y lo cierto es que el WWB no está presente en nuestro país. Lo estuvo hace un tiempo, dice, asociado con una entidad local, pero ya no. Las razones que expone esta ejecutiva de respuesta concisa desnudan el triste costado -que también existe- del negocio con la pobreza.
"Nos ha pasado muchas veces, hay políticos que se dan cuenta de que pueden hacer negocio con la pobreza y conseguir votos. En la Argentina lo que nos ocurrió fue que, apenas empezamos a trabajar con microcréditos, hubo quienes se dieron cuenta de que se podían lograr beneficios electorales con eso y lanzaron líneas de préstamos con tasas altamente subsidiadas que luego, nos consta, en buena parte no se devolvían. Eso es una pena porque se desnaturaliza la idea de salir adelante con autonomía; se pierde la idea de recuperar la dignidad para seguir siendo, en cambio, un cliente político. Un dependiente del poder", dice.
No habla del pecador, no lo identifica. Pero le molesta el pecado. "La verdad, nos encantaría poder trabajar en la Argentina", insiste. En todo caso, la mancha de la que habla no es la única que existe en la industria que, en los últimos años, viene enfrentando varias sospechas de enriquecimiento "a costa" de los pobres.
En Nueva York es conocida por su participación en las actividades de la comunidad armenia, a la que pertenece. Y, más en lo operativo, sabe de la eficacia de una buena embajada para defender su causa. Así, siente agradecimiento por la argentina Máxima Zorreguieta, princesa de Holanda, a quien acaba de sumar en su esfuerzo a favor del programa de créditos; como lo hizo ya, poco antes, con la reina Sofía, de España. A ambas las ha tratado personalmente. "Máxima estuvo sensacional con nosotros", dijo, apenas terminado su reciente encuentro.
Una mano en momentos difíciles
Los microcréditos pasan ahora por una etapa desafiante. En Bangladesh, el gobierno puso bajo la mira al laureado Mohamed Yunus, conocido como el "Padre de las microfinanzas" o el "Banquero de los pobres". En India, pasa más o menos lo mismo con Vikram Akula, del banco SKS, cuya rápida expansión en sectores empobrecidos se está investigando.
"No me cabe duda de que hay mucho de política y de celos en todo esto", dispara la responsable del WWB. Pero no por eso deja de admitir la posibilidad de puntos flojos en el sistema, que es preciso mejorar. De eso habló, junto a Yunus y Akula, en un panel montado por la Iniciativa Global, del ex presidente Bill Clinton.
"No se trata de hacer negocio con los más pobres", insiste, convertida hoy en una defensora de la necesidad de mayor regulación. Y por eso vuelve a lo de la conciencia. "Si no nos ponemos normas firmes para regularnos, perdemos una gran oportunidad", insiste, y admite que se siente orgullosa, en ese sentido, del trabajo fiscalizador que realiza el WWB. "Hemos pasado de ser un movimiento a una industria en la que operan diferentes modelos de institución. Pero todos deben ser sostenibles", subraya. Siempre con la premisa de prestar a los pobres para que superen su condición. "Ellos siempre devuelven. Con ellos, el negocio va bien", asegura, desafiando a quien quiera oírla. Con la misma pasión que pone cuando toca el piano.
© La Nacion

Azeirbaijan otra vez habla de guerra...

El Ministerio de Defensa de Azerbaiyán ha acusado a Armenia de obstruir las conversaciones para resolver la disputa entre ambos países en torno a la región separatista de Nagorno Karabaj y ha afirmado que podría enviar tropas al territorio para recuperar la soberanía, según el portavoz del Ministerio de Defensa, Eldar Sabiroglu.
   En 1988, Nagorno Karabaj, de mayoría armenia, declaró que se separaba de la entonces República Socialista Soviética de Azerbaiyán. Después, en 1991, se anunció la institución de Nagorno Karabaj como república, lo que dio pie a enfrentamientos entre Bakú y Ereván.
   Estas declaraciones han llegado apenas unas semanas después del anuncio de un encuentro entre los presidentes de Rusia, Armenia y Azerbaiyán en la ciudad rusa de Kazán como parte de los esfuerzos de los tres países para reducir las tensiones en torno a la república separatista.
   "Eventualmente, soldados azeríes podrían dar satisfacción a la voluntad del pueblo, el Gobierno y el supremo Comandante en Jefe y liberar la tierra ocupada por el enemigo", ha apuntado Sabiroglu, según la agencia de noticias rusa Interfax.
   En un informe separado, la agencia ha citado a un miembro del Ministerio de Defensa armenio, que ha acusado a Azerbaiyán de "preparar el terreno para nuevas provocaciones con la publicación de desinformación".
   El presidente azerí, Ilham Aliyev, que ha incrementado el poder militar del país a través de varios acuerdos armamentísticos, ha señalado que el país está deseando entrar en guerra con Armenia para recuperar Nagorno Karabaj.
 

viernes, 3 de junio de 2011

Tigranes II el Grande

Tigranes II el Grande fue un emperador de Armenia entre 95 y 55 a. C. que llevó a Armenia a la cúspide de su poder convirtiéndola en la mayor potencia en el Este romano. Tigranes nació sobre 140 a. C. y era hijo o sobrino de Artavasdes I o de Tigranes I. Era miembro pues de la Dinastía Artáxida. Se casó con Cleopatra, hija de Mitrídates VI del Ponto.
Su reinado se vio inmerso en numerosos conflictos contra los imperios parto, seléucida y contra la República romana.
Tigranes había sido criado como rehén hasta cumplir los 40 años en la corte del rey Mitrídates II de Partia, que había derrotado a los armenios en 105 a. C. Tras la muerte del rey Tigranes I en 95 a. C., Tigranes logró su libertad a cambio de "setenta valles en Media Atropatene" (actualmente en el Azerbaiyán iraní) según registra el historiador romano Estrabón:
La fortuna experimentada por Tigranes fue variada, en un principio fue huésped de los partos y, aunque luego obtuvo el priviliegio de volver a casa, ellos recibieron como recompensa setenta valles en Armenia que conquistaba su abuelo Artaxias
Estrabón 11.14.15
Cuando subió al poder, la base de poder real se encontraba ya preparada gracias al fundador de la Dinastía Artáxida, Artaxias I de Armenia, y sus sucesores. Sin embargo, las montañas de Armenia formaban fronteras naturales entre las diferentes regiones favoreciendo el feudalismo y la creación de estados nobiliarios cuasiindependientes llamados nakharar. Esto no detuvo a Tigranes, que quería crear un estado unificado, por lo que comenzó su gobierno consolidando el poder real.
También depuso a Artanes el último rey de Sofene, de la dinastía armenia rival descendiente de Zariadres.
Rápidamente reforzó su posición en la región y consolidó su alianza con Mitrídates casándose con su hija Cleopatra. Tigranes acordó con él un reparto de sus influencias en la región: mientras se reservaba Oriente Medio, dejaba a Mitrídates Anatolia y las posesiones romanas en Grecia y los Balcanes, creando así Mitrídates un estado heleno fuerte como contención de Roma.
Durante la Primera Guerra Mitridática (90 a 85 a. C.), Tigranes apoyó a Mitrídates VI del Ponto frente a su rival Nicomedes IV de Bitinia, pero evitó cautelosamente el involucrarse directamente en la guerra.
Por esa época, en el 88 a. C., los romanos acusaron a Mitrídates de la masacre de cerca de 80.000 ciudadanos romanos en la Provincia de Asia. Finalmente, los intentos de los dos reyes de controlar Capadocia, así como las acusaciones de relación con la matanza decidieron al Senado romano a intervenir, nombrándose al cónsul Lucio Cornelio Sila comandante del ejército destinado contra Mitrídates.
Tras la muerte de Mitrídates II de Partia en el 88 a. C., Tigranes aprovechó la inestabilidades que sufría el Imperio Parto derivadas de la luchas sucesorias y de la invasión escita para recuperar los territorios perdidos e incluso ampliarlos:
Estrabón lo narra así:
"Cuando tuvo el poder, recuperó esos setenta valles y devastó el país de los partos, el territorio alrededor de Nínive y Arbela. Sujetó a su autoridad Media Atropatene (en Azerbaiyán), [...] y por la fuerza de las armas obtuvo posesión del resto de Mesopotamia y, tras cruzar el Éufrates, de Siria y Fenicia.
En el 88 a. C., tras una sangrienta disputa por el trono de Siria, en manos de los seléucidas, los sirios escogieron a Tigranes como protector de su reino y le ofrecieron la corona del Reino de Siria. Posteriormente conquistó Fenicia y Cilicia, poniendo fin al Imperio seléucida, aunque algunas ciudades parecen haber reconocido al niño Seleuco VII. Muchos de los habitantes de esta nueva provincia de Armenia fueron enviados a la nueva capital, Tigranocerta.
Con esto, su imperio se extendía desde el Cáucaso cercano al mar Negro en el este a Mesopotamia en el Oeste, y desde el mar Caspio al Mediterráneo. Su frontera sur llegó con esta expansión hasta Acre. Tigranes parece haber llegado hasta Ecbatana y reivindicado el título de rey de reyes, que según la numismática, parece no haber sido usado por los reyes partos.
Tras su derrota contra los romanos, Mitrídates encontró refugio en la Armenia de su yerno y aliado Tigranes. El general romano Lucio Licinio Luculo exigió entonces su expulsión. La negativa de Tigranes supuso la guerra.
El 6 de octubre del 69 a. C., Tigranes fue vencido en la batalla de Tigranocerta. Los guardias no armenios de la ciudad le traicionaron y abrieron las puertas de la capital a los romanos, teniendo Tigranes entonces que enviar a 6.000 jinetes para rescatar sus mujeres y tesoros.Al año siguiente, el 6 de octubre de 68 a. C., las fuerzas combinadas del Ponto y Armenia se volvieron a enfrentar a Luculo en la antigua capital de Artaxata. Dadas las severas bajas que sufrieron los romanos, Luculo tuvo que enfrentarse al descontento de sus tropas y a tres motines en el 68 y el 67 a. C. Frustrado por la indisciplina de sus tropas y la dificultad del terreno del norte de Armenia, se retiró al sur y saqueó Nísibis, defendida por el hermano de Tigranes. Sin embargo, dada su falta de una victoria decisiva o de la captura de alguno de los dos reyes, Luculo fue destituido y reemplazado por Pompeyo.
Tras vencer a uno de sus hijos menores (también llamado Tigranes), que había sido armado por los partos de Fraates III y que tuvo que huir a buscar protección romana, Tigranes recuperó la mayor parte de su territorio. Mitrídates, mientras, volvió al Ponto con 8.000 hombres.
En el 66 a. C. Pompeyo avanzó hacia Armenia, con el joven hijo del rey. Tigranes, de 75 años ya, se rindió. Pompeyo fue generoso, y le devolvió parte de su antiguo imperio a cambio de 6.000 talentos de plata. Su hijo rebelde fue enviado entonces a Roma como rehén.
Tigranes continuó su reinado en Armenia como amigo y aliado del pueblo romano hasta su muerte en el 55 a. C.

Ara Malikian y el arte desde el violin...


"Le debo todo lo que tengo, mi felicidad. Ahora agradezco a mi padre que me forzara a ser músico y me obligara a tocar el violín cuando no me apetecía, con lágrimas en los ojos", ha recordado Malikian, de 43 años, en una entrevista con la Agencia Efe antes de presentar en Valladolid su nuevo disco, "Con los ojos cerrados".
De pasaporte libanés, aunque de origen armenio, no olvida las largas estancias que durante niño acumuló en el garaje de su casa durante los habituales bombardeos en la contienda fratricida, de origen religioso, que asoló a su país natal, del que finalmente emigró cuando despuntó para encauzar en Europa su formación musical.
"Dentro de la tragedia de la guerra teníamos que pasar el tiempo.
Unos tocábamos, otros bailaban, cantaban o recitaban poesías. La música nos acompaña en cualquier momento de la vida, también en los difíciles donde es como una terapia para olvidar lo mal que se pasa o para intentar arreglar las cosas, aunque sea en el alma", ha reflexionado.
Ara Malikian se expresa en un español casi perfecto fruto de su ya prolongada residencia en Madrid, desde hace doce años, aunque no para de viajar ni de acometer proyectos de cualquier índole, como su protagonismo cinematográfico en el documental "Armenio", que presentó el año pasado en la última Semana de Cine de Valladolid.
El genocidio del pueblo armenio en los primeros años del siglo XX, de donde tuvieron que huir sus abuelos para no morir, subyace en ese filme donde el violinista delata una sensibilidad social en la que también se ha involucrado como músico.
"Siempre es un instrumento para sensibilizara a la gente, provocar a la conciencia, pero al mismo tiempo no debemos olvidar que somos 'entretenedores', que tenemos que llegar a los oyentes, emocionarles, decirles algo", ha precisado.
"Con los ojos cerrados", su último disco desde el ya lejano "Le quatro stagioni" (1995), es una mezcla de tango y jazz con la participación del guitarrista argentino Fernando Goizcue, dentro de una alquimia que a su juicio no es tal porque la música ya viene fundida o fusionada desde su origen.
Cuando se juntan músicos de diversas procedencias "no tienen que plantearse cómo y qué fusionar tal cosa", ya que "es un encuentro entre amigos que se entienden a través de la música", ha precisado.
En su caso también le ha procurado una suerte de aprendizaje a través de los países, culturas y amigos con los que ha contactado en los numerosos viajes que ha realizado y que no le suponen "ningún esfuerzo" porque todo lo hace con vocación e ilusión: "es un placer y deseo que esta inspiración no se vaya nunca, que se quede para siempre, que se convierta en rutina", ha manifestado.
La música clásica, a cuya divulgación ha contribuido tanto Ara Malikian, "no hace falta que sea entendida para poder disfrutar".
"Aunque en los últimos años sí ha podido convertirse en algo reservado para un público cerrado, los jóvenes se dan cuenta de que es algo hermoso que no es necesario analizar, tan sólo dejarse llevar", ha concluido.