jueves, 23 de agosto de 2012

Armenios de Siria encuentran la ansiada paz, en la Madre Patria Armenia.

Oíamos “tiros y bombardeos toda la noche”, cuenta Yenok Sulahian, que huyó de los combates en Siria para refugiarse en Armenia, la tierra de sus antepasados, como lo han hecho también otros sirio-armenios desde el inicio del conflicto.

“¡Gracias a Dios llegaron sanos y salvos!”, dicen llorando los armenios presentes en el aeropuerto de Erevan para recibir a sus familiares sirio-armenios provenientes de Alepo, la capital económica de Siria donde se desarrollan sangrientos combates.

Los cristianos de origen armenio tienen cada vez más miedo en Siria. “Las autoridades no advertían del peligro todo el tiempo y nos aconsejaban no salir de la casa para que no nos mataran”, cuenta Sulahian.

Más de 3.000 sirio-armenios llegaron a Armenia, una ex república soviética, desde el comienzo del conflicto en Siria en marzo de 2011. Sin embargo, numerosos refugiados, como Sulahian, piensan volver a Siria cuando haya terminado el conflicto y se haya restablecido la paz. “A fines de agosto, si todo sale bien, prevemos volver a Alepo para el reinicio de la escuela", dice Sulahian, dando muestras de un sorprendente optimismo.

Según las evaluaciones, entre 60.000 a 100.000 cristianos oriundos de Armenia está establecidos en Siria.

Se trata de los descendientes de los armenios que huyeron de las matanzas de en el imperio otomano durante la Primera Guerra Mundial.

martes, 21 de agosto de 2012

"Mar Negro":nueva joya literaria de Ana Arzoumanian

El mismo tono para amar y destrozar. Con este epígrafe de la poetisa rusa Marina Tsvetáieva es que comienza Mar Negro de Ana Arzoumanian, un poema en prosa, relato emparentado con la narración del amor y el dolor en Lispector, Duras, en la misma Tsvetáieva, en la que se recogen los fragmentos desparramados de una historia enraizada en la destrucción. El genocidio armenio es el punto de origen desde el que la narradora intenta aprehender su propia identidad fragmentada. Atravesando escenas de guerra, tortura y supervivencia, se insertarán también las imágenes más íntimas de una historia de amor, donde el acto sexual es otra ceremonia de ocupación y vaciamiento.

Los datos duros dicen que un millón y medio de armenios fueron masacrados a manos de los turcos entre 1915 y 1923 y que el Estado turco jamás reconoció el genocidio. El número de asesinados-desaparecidos suena a cifra histórica de archivo hasta que se rescata, entre los números de cadáveres y las fotos de la diáspora, esa historia personal y por lo tanto singular en la que un abuelo ha entregado a sus hijas y a su mujer para poder escapar de los turcos. Así, el hombre llega a Buenos Aires y comienza a sacar fotos en las plazas para poder subsistir.

Buenos Aires, Berlín, Jerusalén, Karabagh. Este es el mapa de Mar Negro, los capítulos en los que se divide el relato. La elección de estos escenarios no es inocente, en cada uno de ellos se ha perpetrado el horror: “¿Cómo se le da forma al horror? –se pregunta Arzoumanian–. Creo que es una cuestión ética: si no lo hacemos, estamos en silencio. Hay un compromiso de atravesar ese silencio y de decir, pero cómo se dice eso, qué forma le doy. Y no es voluntario, cada voz, cada situación impone su forma”. Entonces la forma de este Mar Negro narrado por Ana es así, en minúscula y en tiempo presente, como si no hubiera una división posible entre las cosas y las personas, como si no fuera posible organizar el tiempo entre un antes y un después de tanta muerte.

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http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/libros/10-4773-2012-08-20.html

martes, 24 de julio de 2012

Kurdos:“Tenemos nuestro propio idioma, nuestra propia identidad”.

A principios de junio, cuando Erdogan visitó Diyarbakir, la capital extraoficial del sudeste kurdo de Turquía, los negocios cerraron en señal de protesta. Unas pocas semanas después, cuando anunció que se permitirá que las escuelas ofrezcan clases optativas en lenguaje kurdo, políticos opositores kurdos lo acusaron de negar su identidad al rehusar la educación para los kurdos en su lengua materna. Ni siquiera los islamistas kurdos son sus partidarios. “Turcos y kurdos lucharon juntos para crear el Estado, pero de alguna manera después se olvidaron de nosotros”, afirmó el abogado kurdo Huseyin Yilmaz, que dirige la asociación con raíces en Hizbulá, Mustazaf-Der (sin relación con Hizbulá en el Líbano). “Tenemos nuestro propio idioma, nuestra propia identidad. Tenemos nuestros propios deseos”.

No se puede decir que la impopularidad de Erdogan entre los kurdos sea una sorpresa. Desde que su Partido Justicia y Desarrollo (AKP) logró una inaudita tercera mayoría parlamentaria en junio del año pasado parece que Erdogan ha abandonado los planes de reforma democrática que le otorgaron el respeto de los kurdos y el apoyo de los turcos liberales. Agoniza la promesa electoral del primer ministro de revisar la constitución, impuesta por la junta militar de 1980-1983. Políticos kurdos en Ankara de los principales partidos políticos dicen que es poco probable que cualquier propuesta que produzca satisfaga las demandas kurdas de que su identidad y lenguaje sean reconocidos en la constitución. Y en lugar de cambiar leyes restrictivas del código penal utilizadas durante décadas para reprimir la identidad kurda y silenciar sus demandas, ahora las utiliza para silenciar a los que cuestionan sus políticas o propugnan el cambio.

Casi cuatrocientos funcionarios del Partido Kurdo Paz y Democracia (BDP) están en prisión, entre ellos treinta y seis alcaldes electos y trece vicealcaldes, junto con más de seiscientos activistas de la sociedad civil kurda, incluyendo activistas de los derechos humanos, sindicalistas y personas que no han hecho nada más que asistir a reuniones. Muchos llevan más de tres años en la cárcel mientras se celebran los juicios. Las acusaciones se concentran en su presunta afiliación en la Unión de Comunidades en Kurdistán (KCK) que, según los fiscales, fue establecida por la fuerza rebelde PKK para controlar el sudeste kurdo. Las pruebas contra los acusados, incluidas conferencias de prensa que organizaron e informes legales que escribieron, son de pésima calidad incluso según los estándares judiciales notoriamente permisivos de Turquía.

Mientras tanto, la cantidad de periodistas encarcelados –en su mayoría kurdos– ha aumentado vertiginosamente a un nivel inédito desde los años noventa, cuando una amplia ley antiterrorista convirtió en un crimen que el escribir sobre la insurgencia kurda. Y más de setecientos estudiantes universitarios se encuentran en prisión, la mayoría desde el golpe militar de 1980, muchos de ellos acusados de ayudar al grupo rebelde PKK a través de su ala política urbana KCK. Las pruebas, de nuevo, se suelen basar en actos no violentos o discursos que promueven la identidad kurda o critican políticas gubernamentales, incluido el coste de las matrículas. Mientras se limita el espacio para la política legal kurda, el PKK no da señales de debilidad: en junio, los rebeldes mataron a unos veinte soldados turcos, incluidos ocho en un ataque contra un puesto avanzado fortificado turco cerca de la frontera con Iraq.

Erdogan niega que haya dado marcha atrás en su agenda de reforma y cita frecuentemente los cambios que ha realizado en sus períodos en el gobierno: abrió un canal de televisión kurdo de 24 horas, permitió programas de posgrado en idioma kurdo en la universidad, abrió el camino para clases optativas en lenguaje kurdo en escuelas primarias y secundarias, y posibilitó que las familias hablen en kurdo con sus hijos encarcelados. El cuello de botella, afirma, no es él, sino los kurdos. Señala que el BDP, que obtuvo treinta y seis escaños en las últimas elecciones parlamentarias nacionales, no lo apoya en la condena de los ataques “terroristas” del PKK y no reconoce las reformas que ha realizado. También lo acusa de no ir siquiera al baño a menos que primero el PKK “afloje la cuerda”.

Erdogan no se equivoca totalmente. El BDP no lo apoya. No es porque tema al PKK o porque sea rencoroso. Es porque, desde el punto de vista de muchos kurdos, la lucha del PKK sigue siendo legítima en vista de los ataques judiciales contra el activismo democrático y la falta de un proceso de paz formal. Al mismo tiempo, las reformas de Erdogan podrán ser nuevas para los turcos, pero para los kurdos esos cambios son irrelevantes respecto a sus principales preocupaciones o a los veinte años que duran sus demandas. Por ejemplo, la televisión en lenguaje kurdo: es una hermosa idea, por lo cual los activistas a favor del PKK en Europa iniciaron su propia programación satelital en 1995. Los programas de posgrado en estudios de idioma kurdo no fueron mal recibidos, el único problema es que hay tantos estudiantes y profesores en la cárcel, que cuesta saber quién dará las clases o asistirá a ellas. Los cursos opcionales en lenguaje kurdo podrán ser una buena idea para estudiantes turcos, pero los kurdos quieren que sus hijos estudien en su propio idioma, no que les den clases sobre el tema. Y permitir que las familias hablen kurdo con sus hijos durante el día de visita en la prisión es excelente. Pero sería mejor que fueran liberados.

No es que los kurdos no sepan lo que quieren. Más bien es que los turcos no quieren escucharlos. En una declaración pública del año pasado, destacadas organizaciones y partidos políticos kurdos solicitaron “autonomía democrática” y un plan realista para terminar la guerra del PKK y desmovilizar a unos ocho mil rebeldes cuya base está en las remotas montañas Kandil del Kurdistán iraquí. En una entrevista en junio con el periódico liberal turco Taraf, el copresidente del BDP Selahattin Demirtas presentó un marco para llegar a la solución: que se detengan las detenciones de funcionarios y activistas kurdos, que se les libere de la prisión, que se mejoren las condiciones en las que está encarcelado el líder del PKK Abdullah Ocalan, que no ha tenido ninguna visita, ni siquiera de sus abogados, en casi un año, y que se instituya un mecanismo para el diálogo.

Intransigencia de Erdogan

Por desgracia, al igual que los que gobernaron antes que él Erdogan tiene dificultades para aceptar el nacionalismo kurdo y la influencia popular que el PKK ejerce sobre la opinión kurda. A consecuencia de ello, sigue dedicado a la idea de que podrá encontrar a alguien que se dé por satisfecho con los cambios que ha hecho hasta la fecha si logra suprimir al PKK y a determinados activistas kurdos. Pero no esa no es una vía para hacer la paz. Si quiere acabar con los combates, tiene que hablar con los que poseen las armas. Si quiere un acuerdo político con los kurdos, tiene que negociar con su partido político. Cualquier cosa que no contemple estas condiciones es una simple pérdida de tiempo.

Es popular sugerir que Erdogan quiere un acuerdo, pero que tiene que moverse lentamente debido al ala nacionalista en su partido y dentro de su base electoral. Pero es posible que convencer al público turco no sea tan difícil como parece. El gobierno de Erdogan no cayó cuando el año pasado se filtraron noticias sobre conversaciones secretas entre el PKK y el jefe de la agencia nacional de inteligencia de Turquía, MIT, y sus resultados en los sondeos no disminuyeron. Cuando Erdogan anunció el nuevo paquete de reformas para el idioma kurdo, lo más sorprendente fue la ausencia de reacción entre los votantes del AKP. La fuerza de Erdogan es que ha logrado el apoyo del público turco una y otra vez. Su debilidad es que todavía no ha decidido cómo utilizar ese capital político para solucionar el problema más fundamental de Turquía.

El problema kurdo no depende de que se convenza de algo a los votantes. Lo importante es convencer a Erdogan.

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=153480

lunes, 23 de julio de 2012

El Libro de los Susurros de Varujan Vosganian.

VARUJAN VOSGANIAN (nacido en 1958) procede de una familia de origen armenio emigrada a Rumania desde el antiguo Imperio Otomano tras el genocidio de 1915 emprendido contra los armenios.

Personalidad compleja,Varujan Vosganian es escritor, político, economista, matemático, profesor universitario y…pianista. Es el líder de la comunidad armenia de Rumania y primer vicepresidente de la Unión de Escritores de Rumania. Entre 2006 y 2008 fue ministro de Economía y Finanzas y, en los últimos veinte años, después de la caída del régimen comunista, ha sido miembro del Parlamento de Rumania, primero como diputado y en la actualidad como senador.

Sus libros abarcan una amplia variedad de temas, desde la politología y economía hasta la poesía y prosa. Su obra literaria se compone de tres libros de poesía: El brujo azul (1994), El ojo velado de la reina (2001), algunos de cuyos poemas se han publicado en revistas literarias de España yMéxico, y Jesús con mil brazos (2005); uno de prosa corta, La estatua del comendador (1994) y El libro de los susurros (2009), el cual lo ha consagrado como escritor por el éxito de crítica y librería, así como por el interés que ha despertado en el plano internacional.

El libro:

E

ra un niño cuando comenzó a escuchar historias. Sus principales relatores fueron Garabet Vosganian y Setrak Melichian, sus abuelos paterno y materno. Y aunque fue en el Focsani de su infancia donde aprendió a leer los susurros, este libro se empezó a escribir mucho antes. No en la primavera de 1915 cuando el genocidio armenio. Ni tampoco cuando las matanzas de Stalin. Tal vez las primeras líneas brotaran en la batalla de Avarair contra los persas. Según Vosganian (Craiova, 1958), poeta, líder de la comunidad armenia en Rumanía, El libro de los susurros ya existía, o así lo entendió su autor según escuchaba, porque lo que en voz baja contaban los viejos de su infancia no eran sino páginas de un libro que no estaba en papel impreso. Vosganian no se considera el narrador sino el primer lector de El libro... Y son Garabet y Setrak, los relatores, quienes señalan al nieto como futuro narrador. En este libro estremecedor e imprescindible sabemos que los armenios se reconocen porque lloran a los mismos muertos, que algunos se reconcilian en la vejez y que las partidas de cartas son como nuevos tratados de Postdam. Ellos son quienes hablan de lo difícil que es morir donde uno ha nacido. Cosas que se aprenden: "Apátrida no es no tener patria a la que amar, sino no tener patria que te proteja". Resulta fascinante la belleza de las historias, aunque encierren momentos y escenarios terribles. ¡Qué exquisita urdimbre tejida de placidez y desasosiego! Y el círculo que nunca se cierra de separaciones y reencuentros. Y desaparecidos. Narración con vocación memorística, homenaje a los protagonistas de las sucesivas diásporas. Documento conmovedor, novela que es Historia. Un pero, echo de menos voces de mujeres. Por último, una información aterradora: el autor supo de crímenes no tanto por testimonios de supervivientes sino por las "baladronadas de los asesinos".