domingo, 30 de octubre de 2011

EL IDIOMA DEL CORAZON. Por Gonzalo Perera.






Mis conocimientos de la lengua armenia y sus variantes son paupérrimos, por no decir francamente nulos. Me gustaría mucho aprender, como vehículo hacia poder apreciar cablamente la riquísima cultura armenia, pero hasta ahora no he podido hacerlo y quizas, habida cuenta de hechos muy recientes, haya sido mejor mantenermente iletrado en cuanto a Armenia se refiere.A las 24 hrs del Viernes 28 de octubre, hora de Yerevan, TPA 1, la Televisión Nacional Armenia, mostraba a Abraham Gasparyan, ponía al aire un reportaje elaborado por mi amigo Arthur Ghukhasián, su corresponsal en España sobre...Gonzalo Perera.En efecto, la nota hacía referencia a algunos hechos de mi vida, a la publicación en un medio español (vegamediapress.com) de una nota titulada "Yo también soy armenio" (dicha nota puede también ser leída en http://guiamenc.blogspot.com/2011/10/yo-tambien-soy-armenio-por-gonzalo.html) y a varias notas publicadas en diversos medios nacionales tratando de transmitir mi consustanciación con la causa armenia, siendo descendiente de Catalunya por donde se me mire y sin ratros alguno de armenidad en mis ancestros conocidos.En la nota "Yo también soy armenio" relato que mi acercamiento al reclamo de responsabilidad al genocida Estado turco no tuvo un origen meramente libresco. La afición temprana a la Historia hizo que sobre los 10 años, y como derivación de lecturas sobre la Primera Guerra Mundial que me llevaron a estudiar la participación del Imperio Otomano en ella y el surgimiento de "Los jóvenes turcos", tomara conocimiento del exterminio sistemático de los armenios de Anatolia. me pareció un hecho horripilante pero hasta ahí llegó mi capcidad de comprensión a los 10 años. O quizás y mejor dicho, hasta ahí llegó mi capacidad de compresnión meramente intelectual, libresca, de una historia de dolor, sangre, esperanza y eterna rebeldía.Cuento en la misma nota que al llegar a Montevideo desde mi Rocha natal a los 16 años, residiendo en una modestísima pensión del barrio "La Comercial", estando "perdido como perro en cancha de bochas" como se suele decir en nuestro interior, me reconfortó la amistad, solidaridad y mano tendida de mi primer amigo en Montevideo: Armén Garó Sarkisián Guetzoián, hoy conocido referente del Consejo de la Causa Armenia en el Uruguay y por ese entonces alegre y hospitalario adolescente de largo jopo que debía retirar cada tanto de su frente. Armén Garó me invitaba a estudiar en syu casa, apocas cuadras de mi pensión pero sensiblemente más cómoda y con toda la intangible diferencia que aporta la vida de un hogar. Fue en ese contacto y como al descuido que Armenia entró en mi corazón, por la razón más elemental del mundo: quien me había tendido la mano cuando estaba solo, quien me abrió las puertas de su casa cuando no conocía a nadie, de allí venía y guardaba en su corazón una heridad de décadas. La causa de quien uno quiere y por quien siente gratitud, termina siendo, poco a poco, causa propia.Mi andar por la vida y por diversas partes del mundo me fue reglando otras amistades armenias, todas signadas por la empatía y la constatación de la enorme herida abierta por el atroz genocidio de sus ancestros, siempre negado por el criminal Estado turco.Pero un punto de quiebre en mi vida se dio el 19 de enero del 2007, con el asesinato de Hrant Dink, PERIODISTA (con mayúsculas) valiente y justo, al que asesinaron, fácticamente, algunas balas cobardes, pero ética y políticamente, el artículo 301 del código penal turco y toda la bazofia e inmundicia política y cultural amparadas a la sombra del ultranacionalismo turco, que sabe de lobos grises, pero nada sabe de la blanca paloma de la paz.Al entregar su vida Hrant (quien se sabía condenado de antemano por su valentía), sentí que la convicción íntima, el sentir privado, debía hacerse público. Teniendo la posibilidad de escribir en varios medios de prensa y d eintervenir en audiciones radiales, decidí, desde ese mismo momento que empezaría a usar mis modestas tribunas para decir la verdad y nada más que la verdad: que el Estado turco es responsable del genocidio de un millón y medio de armenios en las primeras décadas del siglo XX pero que aún hoy, de manera muy poco solapada, a través de su negacionismo y de su condena a todo ataque "a la identidad turca " (a la falsa identidad, la construída por negación de los hechos, se entiende) sigue siendo responsable en última instancia del asesinato de hombres pacíficos y justos como Hrant Dink.Los escritos sobre el tema se fueron intensificando con el tiempo, pues cuando más uno se involucra en el enorme sufrimiento del pueblo armenio y en la inverosímil paciencia y perseverancia de la armenidad presente en todo el mundo, se hace imposible no enamorarse de su causa. Porque no hay ninguna más justa: igualmente justas es posible, pero más justa que el clamor de un millón y medio de víctimas inocentes sometiodas a una muerte atroz, repicado por décadas por sus descendientes y silenciado a fuerza del lobby y poder geopolítico y militar de Turquía, imposible encontrar. Diversas notas y columnnas radiales fueron apareciendo, como necesario reflejo de ese amor, un amor a la vez paciente e indignado, admirador de la paciencia y lacerado por la indiferencia o la franca negación.Varias veces con Armén Garó y/o con Germán Garabed Tozdjián nos preguntamos qué más se podía hacer. Así un día, abrimos en Facebook el grupo "URUGUAYOS POR EL RECONOCIMIENTO DEL GENOCIDIO ARMENIO", destinado a llevar el mensaje de la causa armenia como causa auniversal a las personas de buena voluntad cualquiera sea su origen que administramos entre los tres y que ha crecido hasta cerca de los 5200 adherentes, con la participación vital para su expansión de otros amigos, entre los cuales no quiero dejar de mencionar a Fernando Serkhochián y Yester Basmadjián, así como al colectivo JADU (Jóvenes Armenios Del Uruguay). Desde allí iniciamos algunas campañas para difundir la VERDAD y exigir su reconocimiento, y vendrán otras, naturalmente.De éstas cosas habla la nota emitida el Viernes a las 24 hrs de Yerevan por TPA 1. Mi paupérrimo o nulo conocimiento del armenio no me permite saber con exactitud lo que dicen Abraham y Arthur.Pero si hay algo que pueda ser útil en mi testimonio es que no hace falta descender de armenios para sentirse armenio ante la inmesidad ética y política, ni más ni menos que civilizatoria, que pone en juego la causa armenia. Es quizás el que yo no descienda de aremnio alguno y que ni siquiera pueda entender al detalle dicho reportaje lo que puede dar sentido- más allá de la inmensa generosidad de Arthur Ghukasián y Abraham Gasparyan- a la existencia misma de ese reportaje. Porque en su estupidez criminal y negacionista, el Estado turco no se da cuenta qué está regando armenios por el mundo, cualquiera sea su origen o lengua madre.No necesité hablar o entender armenio para que me rompiera el corazón el dolor de tantas décadas y la anunciadad muerte de Hrant Dink. No lo preciso para darme cuenta que en el reportaje, Arthur y Abraham están hablando de un hermano.Y no se equivocan. Porque definitivamente yo soy armenio. Y Arthur, Abraham, Armén Garó, Germán Garabed, Fernando, Yester y toda la ejemplar "pàtota" de JADU son mis hermanos. Y no sólo yo soy armenio. Lo son mis hijas. Y lo serán los hijos de mis hijas y sus nioeto y bisnietos, tantas generaciones como sean necesarias para ver el gran día.Porque, el empecinamiento de Turquía por falsear y retrasar la historia es completamente estéril, como lo fue la Inquisición ante el librepensamiento de los Galileo Galilei, o la "solución final " nazi o el "Plan Cóndor" en el sur. Y el gran día ha de llegarPorque inevitablemente, algún día, y por segunda vez, una nueva humanidad descenderá de la cima del monte Ararat. Tras el diluvio de mentiras de crímenes, de sangre bendita atrozmente derramada, de barbarie, de encubrimiento, de inmoralidad, de injusticia, el cielo se abrirá, y los brillantes rayos de la luz de la verdad y la justicia iluminarán la Tierra entera.Y para ese entonces, ya todos los humanos seremos armenios.