domingo, 13 de mayo de 2012

Los recuerdos de Haroution en la prosa de su bisnieta.

Harotiun A-K

Su nombre era Harotiun, tenía nueve años y un solo propósito en la vida, el de conservarla. Desgraciadamente Harotiun nació en una fecha sumamente complicada, 13 de abril de 1905, ya que los años que caracterizaron su infancia fueron marcados por la Primera Guerra Mundial y al ser armenio, por la mayor tragedia de su nación: el genocidio de 1915.

Nació en Aintab, el cual en ese entonces pertenecía a Turquía, pero debido a su origen armenio, le toco ser víctima de la guerra. Su familia como el resto, vivía bajo la opresión de los turcos, estrangulados por el hambre y callados por el miedo. Su madre era enfermera en un hospital de los turcos y para impedir que sus hijos murieran a causa de inanición, juntaba las migajas de comida que caían de las camas de los enfermos para hacer pequeñas bolitas y dárselas a sus hijos para que tuvieran algo que comer. Estaba prohibido por los turcos que los adultos armenios hablaran en su idioma y si los llegaban a escuchar comunicándose de esa forma les cortaban la lengua; todos debían de aprender a hablar en turco y como consecuencia de esto perdieron mucho de su idioma natal.

Uno de los recuerdos que marco más a Harotiun ocurrió cuando tenía tan solo seis años. Se encontraba afuera de su casa cuando de pronto paso un camión de soldados turcos, éste venía cargado de naranjas y cuando dieron la vuelta se cayó una de ellas al suelo; Harotiun corrió tras ella y la tomó pero no paso más de un minuto cuando los soldados turcos ya habían retrocedido para castigarlo por lo que había hecho. Lo golpearon en el piso y al terminar le abrieron la cabeza con el golpe de un rifle. Afortunadamente no lo mataron pero conservó para el resto de su vida una profunda cicatriz en la frente, huella de una barbarie total.

La situación cada vez se ponía peor y su familia sabía que si se quedaban ahí iban a morir, por lo que salieron huyendo cuando Harotiun tenía tan solo diez años. El año era 1915 y la situación se encontraba peor que nunca; junto con sus padres y dos de sus hermanos se fugaron a Grecia en donde vivieron por diez años, ahí trabajo desde niño armando barcos.

Debido a todo lo que había pasado en su vida solo tuvo la oportunidad de asistir al colegio hasta segundo de primaria, todo lo que aprendió después lo tuvo que hacer por el mismo, la falta de acceso a un colegio como tal no fue un obstáculo en su desarrollo académico pues aprendió a leer y a escribir por su cuenta así como a hablar en inglés, francés, griego, árabe y español.

A su hermano mayor lo habían agarrado en Armenia como prisionero de guerra, fue cuando la misma acabo que lo soltaron y agarró un barco a México. Ahí comenzó a trabajar haciendo zapatos hasta que logró juntar dinero para mandárselo a su familia y que éstos lo pudieran alcanzar en América. Fue así como mi bisabuelo, junto con su familia viajó a Marsella para posteriormente tomar un barco a México.

Vivía con su familia atrás del Palacio Nacional, trabajaron muy duro para poder salir adelante y abrieron entre todos un taller de zapatos. Tiempo después mi bisabuelo abrió su propia zapatería, en donde vendía zapatos de descanso y huaraches los cuales traía desde Cuernavaca, posteriormente se hizo distribuidor de botas mineras y de excursiones.

Mi bisabuelo Harotiun fue victima de un acontecimiento terrible, es cierto que tuvo mucha suerte al lograr huir de Armenia, sin embargo, la manera en que logró rehacer su vida no se debió al azar ni a la buena fortuna sino a sus ganas de vivir y fortaleza para superar una experiencia de este tipo. Siempre le gusto cantar y hacer deportes, a su llegada a México estudió en el Conservatorio Nacional de Música y se convirtió en cantante barítono también figuró como lanzador de bala y disco en varias competencias en estadios mexicanos. Finalmente en 1935 conoció a su esposa, con quien tuvo a cinco hijos, una de ellas mi abuela.

Me siento verdaderamente honrada de ser bisnieta de un sobreviviente de un suceso que marcó la historia del mundo, me enorgullece enormemente tener sangre armenia dentro de mí, pero nada me da mayor orgullo que el poder contar la historia de mi bisabuelo y rendirle homenaje al gran hombre que fue.


Genocidio Armenio

Noventa y siete años han pasado, casi un siglo para ayudar a sobrellevar los sucesos y atrocidades ocurridas y sin embargo el 24 de abril sigue siendo una fecha llena de tristeza la cual penetra en la memoria y en el corazón de los armenios que hoy se encuentran alrededor de todo el mundo.

El 24 de abril de 1915, tuvo lugar el primer genocidio del siglo XX. Movimiento llevado a cabo por el gobierno Turco, de la Unión y el Progreso, mejor conocido como el de los “Jóvenes Turcos”; en él se planeó el exterminio de toda la población armenia ubicada al sureste de Turquía. Instigados por el visir Talaat Pachá, los sucesos de 1915 involucran a turcos, kurdos, chechenos, armenios y europeos. El acontecimiento que tuvo lugar en esta fecha no fue mas que una extendida persecución de los armenios la cual data desde siglos atrás.
Los armenios fueron victimas de las peores crueldades; acorralados por el hambre, la sed, enfermedades, abusos y como en todas las matanzas masivas: privados de su dignidad como humanos. Miles de armenios fueron forzados a la deportación, una inmensa cantidad masacrada, varios fueron echados al desierto en donde eran forzados a caminar enormes distancias, la mayor parte moría en el trayecto y quienes sobrevivían eran internados en campos de concentración.
En un lapso de alrededor de 30 años, murieron entre 1,500,000 y 2,000,000 de armenios y más de 1,000,000 fueron deportados. El propósito fue el de impedir su independencia y la medida por la que el Imperio Turco Otomano se rigió fue la del exterminio.



Negación de los Turcos

El gobierno turco a la fecha sigue sin reconocer oficialmente el genocidio armenio. Se refiere al calamitoso suceso como una “tragedia” o “masacre”, sin embargo, la palabra genocidio no forma parte de su descripción. No obstante, es un hecho el cual ciertamente tuvo lugar, se cuenta con pruebas (fotografías, reportajes, testimonios, etc.), los cuales comprueban que el 24 de abril de 1915 los armenios fueron victimas del horror absoluto, victimas de un genocidio planeado el cual marcó su historia.

El camino por el reconocimiento

El genocidio armenio no fue reconocido oficialmente hasta cincuenta años después cuando lo hizo la República Oriental de Uruguay en 1965, otros paises se han unido la causa de brindarle al suceso su reconocimiento merecido, entre ellos se encuentran: Argentina, Suiza, Polonia, Eslovaquia, Líbano, Canadá, Alemania, Bélgica, Francia, Suecia, Rusia, Holanda, Grecia, Italia, Vaticano y Venezuela. También lo reconocen varias comisiones de la ONU, la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa , el Parlamento Europeo y 32 de los 50 estados de Estados Unidos. El camino por el reconocimiento es algo por lo que hoy armenios de todas partes del mundo siguen peleando.



Sobrevivientes

Hoy hay cientos de sobrevivientes armenios quienes cuentan lo ocurrido y es a través de sus voces que nos logramos percatar de la magnitud de la tragedia que marcó a su nación y entender que su gente merece lo que aún no se les ha otorgado.


Tengamos memoria

Como en todos los exterminios humanos que han ocurrido, las victimas pasan por todo tipo de torturas y experiencias traumáticas, son expulsados de sus hogares, separados de sus familias pero más que nada expulsados de su realidad; transportados a nueva existencia en la que la supervivencia se vuelve la única respuesta y la fe a no morir es lo que los ayuda a soportar las condiciones a las que son enfrentados.

Tener memoria, no por guardar rencor, tener memoria no por vivir en un pasado negro e hiriente. Tener memoria para tener presente lo que ha marcado nuestras vidas y ser capaces de fortalecernos y seguir adelante, tener memoria para poder sanar.