lunes, 18 de julio de 2011

Hillary Clinton critica a Turquía por falta de libertad.

Hillary Clinton, jefa de la diplomacia estadounidense, criticó el sábado a Turquía respecto a la libertad de prensa, exhortando a sus ciudadanos a ser vigilantes en este asunto.

"Si hay un aspecto que me preocupa en las acciones recientes en Turquía (...), es el de la libertad de expresión y libertad de prensa", declaró la secretaria de Estado en entrevista en Estambul con la cadena de información CNN Turk.

"Turquía no necesita reprimir a periodistas, a blogueros, ni a internet, porque Turquía es suficientemente fuerte y dinámica" para autorizar la expresión de todas las opiniones, añadió.

Este tema, insistió, "merece la atención de los ciudadanos y de los abogados".

En un informe en abril, la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), contabilizó más de 50 periodistas encarcelados en Turquía, y varias centenas más que corren el riesgo de ser condenados en juicios.

Hillary Clinton se expresó en el segundo y último día de una visita a Turquía, donde participó el viernes en una reunión del grupo de contacto sobre Libia. 

jueves, 14 de julio de 2011

¿Cuánto podrá durar el status quo entre Armenia y Azerbaiyán? por Fiodor Lukiánov

Fiodor Lukiánov

La última reunión de los presidentes de los dos estados con Rusia fue celebrada en la ciudad de Kazán en junio y no rindió resultados previstos.
Bakú y Ereván, como siempre, se acusaron mutuamente de impedir el arreglo, y el presidente de Azerbaiyán , Ilham Alíev, recordó una vez más que la paciencia de Bakú está a punto de agotarse y que la guerra todavía no ha concluido. Sin embargo, tampoco es justo constatar los esfuerzos de la diplomacia rusa son un fracaso.
En el asunto de Alto Karabaj, la Rusia de Dmitri Medvédev está actuando de manera autónoma, aunque  con la aprobación del Grupo de Minsk de la OSCE (Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa).
Esto se debe, en parte, a que los demás no esperan que la situación mejore y no ven ningún provecho en la participación activa. Además, también se debe a que Moscú está mucho más interesado en el desarrollo predecible del conflicto que Washington o París. El tema del peligro de la crisis militar en torno a Karabaj que se plantea periódicamente en diferentes discusiones puede poner a Moscú en una situación complicadísima.
Rusia tiene asumidos compromisos formales ante Armenia como socio en el marco de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), pero, ante todo, a tenor de los acuerdos bilaterales que fueron prolongados para un periodo indeterminado el año pasado.
En el caso del conflicto entre los estados, Moscú tendrá que defender a Ereván para no perder la reputación de socio fiable para siempre.
 Al mismo tiempo, el Kremlin se da cuenta de la importancia creciente de Azerbaiyán  como de un país clave en el campo de la energía (y, por lo consiguiente, en el campo geopolítico) del Cáucaso del Sur y de Asia Menor.
Así que Moscú no puede permitirse estropear las relaciones con Bakú. En otras palabras, el Kremlin no debe permitir que surja una situación en la que tendrá que elegir.
Por eso es lógico que se esfuerce por mantener el diálogo entre las dos partes para impedir que las disputas lleguen a un punto crítico y contribuir al mantenimiento del equilibrio bélico, como de un garante del afianzamiento de la paz.
Así, la decisión de prorrogar la permanencia de la base militar rusa en Armenia hasta el año 2044 se debe al deseo de igualar las condiciones de los dos países, teniendo en cuenta que Azerbaiyán va aumentando su potencial bélico.
De lo contrario, Bakú tendría la gran tentación de aprovechar de esta ventaja. Tanto más que los recursos de Bakú son mucho más abundantes que los de Ereván.
Estuve hace poco en las dos capitales y la conclusión que puedo sacar de lo visto consiste en que, bajo las condiciones existentes, la táctica del mantenimiento del equilibrio es el único enfoque posible y correcto.
 No noté ningún signo de que las partes estuvieran de hecho listas para hacer concesiones reales o para pactar compromisos.  Se limitan con discutir cualquier palabra a la hora de redactar las condiciones, ya que ya se dan cuenta de que cada palabra puede costar mucho.
Para Azerbaiyán el objetivo de volver Alto Karabaj se ha convertido en una obsesión nacional, como Kashmir para Pakistán. Como el país está recibiendo enormes ingresos de la exportación del petróleo y experimenta un desarrollo pujante, su seguridad de si mismo está creciendo, así como está afianzándose la convicción de que la ocupación de una parte de Azerbaiyán es una gran injusticia histórica que debe ser corregida sin falta.
A eso se suma la actitud sospechosa hacia los armenios en general que no pasa con el tiempo, al revés, adquiere un carácter institucional y arraigado.
Al mismo tiempo, en Armenia tampoco se observa confianza alguna hacia la parte azerbaiyana. Predomina la idea de que cualquier concesión en la esfera estratégico-militar (es que en las negociaciones se discute la posibilidad de devolución paulatina a Bakú de regiones ocupadas que no formen parte de la comunidad autónoma de Alto Karabaj) puede debilitar sus posiciones, acarrear el colapse del sistema de garantías y contrapesos existente desde los 1990, y la guerra inevitable en este caso. Estos ánimos, claro está, obstaculizan cualquier progreso.
Además, las concesiones resultan imposibles porque los líderes de los dos estados no son lo bastante fuertes como para permitirse un paso tan mal visto por el electorado. Aunque Ilham Alíev tiene control absoluto sobre la situación en Azerbaiyán, su autoridad no es tan fuerte como fue la de su padre. Geydar Alíev habría tenido más espacio para maniobrar.
En Armenia la situación es más complicada aún, porque  se caracteriza por el pluripartidismo político que representa diferentes grupos de intereses, incluidos los externos (de la comunidad armenia en el extranjero). Un intento de alcanzar un compromiso puede provocar una crisis interna aguda, y la pérdida de Karabaj conllevaría la guerra civil y pondría fin a la estatalidad de Armenia.
En este contexto, la postura de Rusia orientada hacia el fortalecimiento del status quo parece oportuna y no tiene alternativa.
Las partes se dan cuenta de los riesgos relacionados al intento de cambiar la situación existente por fuerza. Así, Azerbaiyán, que va invirtiendo sus ingresos no sólo en la construcción bélica sino también en la infraestructura y en los intentos de diversificar la economía, aprecia mucho lo logrado y no quiere exponerlo a riesgos algunos sin garantía de una acción bélica exitosa. Pero así como está la situación hoy, no puede haber garantía ninguna.
Armenia está interesada en que la situación no cambie, porque incluso una guerra exitosa en Karabaj le amenaza con una catástrofe económica y bloqueo aún más severo que ahora. Al menos porque Georgia, el único país con el cual Armenia tiene ahora frontera abierta, ya se encuentra en una seria dependencia económica de Azerbaiyán que podrá ejercer presión sobre Tbilisi.
Además, las circunstancias externas también son capaces de tener la repercusión en toda la región y transformar el mapa político. Me refiero, entre otras circunstancias, a la crisis internacional relacionada con Irán, vecino tanto de Armenia como de Azerbaiyán, que desempeña papel importante (aunque distinto) en el destino de los dos estados.
Si Israel o EEUU deciden que ya es hora de parar a Irán en el camino de adquisición del arma nuclear, el impredecible efecto geopolítico de este evento puede acarrear cambios radicales, tanto más que en Irán vive una considerable minoría de los oriundos de Azerbaiyán.
También puede influir en la situación en el Cáucaso del Sur la inestabilidad en África del Norte y en Oriente Próximo o el fin del régimen de Bashar Al Asad en Siria, al afectar primero Irán o Turquía (que es menos probable, sin embargo). Por ejemplo, la guerra en Siria puede provocar una ola de refugiados armenios del país.
Es verdad que ahora  todas estas variantes del desarrollo de eventos parecen hipotéticas o incluso fantásticas, pero es que en los últimos años, o, más bien, meses incluso, observamos demasiados acontecimientos que la víspera nos habían parecido imposibles.

miércoles, 13 de julio de 2011

Azerbaiyán dice que nunca reconocerá la independencia de Alto Karabaj o su adhesión a Armenia

Azerbaiyán nunca reconocerá la secesión del Alto Karabaj, su independencia o adhesión a Armenia, declaró hoy el presidente de la república caucásica, Ilham Aliev.
Aliev hizo estas declaraciones en una sesión del Gabinete de Ministros dedicada a los resultados del desarrollo social y económico de Azerbaiyán en el primer semestre del año en curso.
“Sin el consentimiento de Azerbaiyán, Alto Karabaj no puede gozar de ningún estatuto jurídico. Por ello, vuelvo a recordar, como ya lo hice en numerosas ocasiones, que la secesión de Alto Karabaj de Azerbaiyán, su independencia o adhesión a Armenia, nunca ha sido ni serán tema de negociaciones. La dirección de Azerbaiyán y su pueblo jamás lo aceptarán”, afirmó el líder azerbaiyano.
Al mismo tiempo, Aliev recordó que las negociaciones en torno al arreglo de la disputa territorial entre dos repúblicas caucásicas se llevan a cabo desde hace muchos años y en la actualidad están “en etapa decisiva”. Según el jefe de estado azerbaiyano, Bakú siempre ha tenido actitud constructiva respecto a la solución del duradero conflicto.
El conflicto de Alto Karabaj, se remonta a 1988, cuando ese enclave poblado en su mayoría por armenios, proclamó su independencia con miras a escindirse de Azerbaiyán y unirse con Armenia.
Tras un referéndum en 1991 comenzaron operaciones militares de gran escala  a consecuencia de las cuales Azerbaiyán perdió el control sobre Alto Karabaj y siete distritos azerbaiyanos adyacentes.
Como resultado del conflicto, unas 15 mil personas murieron y cerca de un millón se vieron obligadas a abandonar sus hogares. El 12 de mayo de 1994 en la capital de Kirguizistán, Bishkek, los gobiernos de Armenia y Azerbaiyán firmaron un alto al fuego que puso fin a las hostilidades.

A partir de 1992, ambos países sostienen negociaciones sobre el arreglo negociado del conflicto en el marco del Grupo de Minsk de la OSCE.

Siguen los asesinatos de mujeres en Turquia,a manos de esposos y novios.

Este fin de semana, un total de seis mujeres murieron en Turquía a manos de sus parejas o ex maridos. A Kübra Nur Sahin, de 24 años, la estranguló su novio en Elbistán. A Cem Sen, de Samsun, su marido la apuñaló por una discusión sobre una deuda bancaria. A Tügba Ö., de Estambul, la quemó viva con gasolina su marido. A Adalet T., de Van, su esposo la disparó por abandonar la casa durante una pelea. Meryem I., de 26 años y madre de cuatro hijos, se ahorcó en Van, presuntamente por no poder soportar las palizas de su marido.
Por desgracia, no se trata de un fenómeno aislado: los crímenes relacionados con asuntos de género se han disparado en este país en los últimos años. El número de casos ha aumentado en un 1.400 % desde 2002, año en el que el partido islamista moderado AKP de Recep Tayyip Erdogán llegó al poder, según datos del Ministerio de Justicia.
Los expertos discrepan sobre los motivos de este incremento. Algunos alegan que se debe, ante todo, a la falta de estadísticas verdaderamente fiables, y a que, de un modo similar a lo ocurrido en España, se ha producido un aumento del número de casos denunciados e investigados.

Una nueva ley para las víctimas

Pero podría haber otros motivos. “Sí han aumentado los crímenes, y sí está relacionado con la victoria de los islamistas”, explica a ABC la socióloga feminista Sinem Göçmener. “Hay una atmósfera diferente, existe una mayor tolerancia social hacia este tipo de crímenes. Antes, muchos asesinatos se camuflaban como accidentes o suicidios, pero ahora muchos hombres ya no se toman esa molestia”, indica.
La nueva ministra de Política Social y Familiar, Fatma Sahin, anunció el sábado la próxima presentación de una ley que mejore la protección de víctimas de este tipo de violencia, una vez se reúna el parlamento tras la pausa vacacional. De ser aprobada, se permitirá el arresto de los sospechosos en cuanto exista la más mínima sospecha de que éstos podrían agredir a su pareja o ex.
Esta medida es fruto de la conmoción social provocada por el asesinato de Ayse Pasali, una mujer de 42 años asesinada por su ex marido el pasado diciembre en Ankara. A pesar de haber denunciado repetidamente las amenazas de muerte de éste, las autoridades optaron por no otorgarle protección policial, por lo que su antiguo cónyuge, Istikbal Yetkin, pudo apuñalarla repetidamente en plena calle.
El caso provocó la indignación de gran parte de la sociedad civil y de las asociaciones de mujeres. El Colectivo Feminista de Estambul, una plataforma para diversos grupos feministas, considera que “los asesinatos de mujeres son políticos, no una cuestión forense”, debido “a las políticas de fortalecimiento familiar que debilitan a la mujer, y a no imponer la legislación necesaria ni aplicar las actuales leyes”.
Este colectivo realizó una importante campaña de opinión pública, así como un seguimiento detallado del juicio a Istikbal Yetin, que incluyó el posicionamiento público de Burcu Pasali, la hija de Ayse con su asesino. El pasado 12 de mayo, Yetkin fue condenado a cadena perpetua, lo que fue calificado de “victoria” por Burcu. No obstante, a tenor de los últimos sucesos (más de una decena de mujeres turcas han muerto a manos de sus parejas en lo que va de mes), parece que todavía queda mucho camino por recorrer.